El 666 esplica las causas que ocasionaron la autodestrucción de la desaparecida Union de
Repúblicas Socialists Sovieticas, -URSS-
666
(Continuación de): LA ETAPA DE LUCHA REVOLUCIONARIA MARXISTA DE EL 666, AL LADO DEL CORONEL FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑO, EN 1965-1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
Las causas de los graves problemas políticos que ocasionaron la autodestrucción
y el fracaso, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
(La gran decepción política de El 666 con la desaparecida Unión Soviética)
(Tomado del libro; "La Tragédia de una Revolución Inconclusa" de Michel Smiely "666" ):
(Capítulo 8). EL “ANTISOVIETISMO”.
Al mutilar José Stálin con su sanguinario terror la vida interna del Partido Comunista Sovietico, -el Centralismo Democrático-; truncó también con ello la posibilidd de su desarrollo exitoso.
Los problemas político-económicos de la Nueva Sociedad Socialista, no se discutían ya en base a los principios de la teoría marxista, sino que se aprobaban automáticamente las resoluciones del “Comité Central”, que no era otra que, los deseos e instrucciones de José Stálin. Al morir Stálin en 1953, sus sucesores quedaron aprisionados, por los errores que durante cinco lustros regían el país.
La maquinaria burocrática y el vehículo de Poder y prebendas personales, a que había sido reducido en la práctica el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), quedó intacta. Nadie deseaba cargar por cuenta propia, con responsabilidades de iniciativa y corrección política, poniendo con ello en peligro el carrerismo político de largos años y las posiciones y rangos tan difícil y duramente adquiridas.
Si el “Comité Central” no ordenaba; nada se hacia. Continuando el desarrollo social soviético, a través de los moldes “clásicos” establecidos por sangrientos años de estalinismo, al aplicar la burocracia del Partido, métodos viejos y caducos que no chocaban con la voluntad y los métodos de la nueva jerarquía.
Esta es la causa fundamental de los graves males que aquejan a la sociedad soviética. Esto es lo que dificulta su evolución y progreso económico, dilapando cuantiosos recursos, e imponiendo innecesariamente al pueblo soviético sacrificios y privaciones que, con una acertada política doméstica, se podrían evitar.
Y lo no menos importante; se continuó con aquella vieja apreciación política del estalinismo de que el problema fundamental, en la estrategia global de lucha contra el imperialismo era, el fortalecimiento del Campo Socialista. Y esta apreciación, que no es otra cosa que la subordinación del marxismo-leninismo, a las necesidades político-económicas de la Unión Soviética y de sus aliados europeos, se siguió manteniendo como teoría correcta.
Que antes, cuando el problema fundamental era, la consolidación del triunfo del Socialismo en un solo país, se planteara esta tésis; era correcto y una consecuencia impuesta por el momento histórico. Pero que hoy (1967), cuándo la situación es distinta y está en vigencia la liberación de los pueblos oprimidos, se mantenga y defienda semejante tésis, (la Coexisténcia Pacífica al precio de la no liberación de los Pueblos Oprimidos), es un error mayúsculo que la propia Historia se encarga de demostrar.
Y es que no puede ser correcto, el mantenimiento de una tésis política particular de países, en una época en que lo que se decide es, el hundimiento definitivo o no del Capitalismo, (Imperialismo), y la liberación o no de los Pueblos Oprimidos.
Un choque histórico se ha producido; el choque de dos fuerzas políticas progresistas que pugnan por desarrollarse; la evolución del Socialismo triunfante y la liberación de los Pueblos Oprimidos. Productos de una misma premisa; la Revolución y el progreso social, estas fuerzas han entrado en conflicto como consecuencia “irónica” que lleva aparejada, el desarrollo técnológico-industrial de la Humanidad.
Lénin afirmaba que, aunque la técnica moderna ayudaba cada vez más al carácter destructor de la guerra, llegaría una época en que la guerra sería tan desvastadora, que se haría en lo sucesivo imposible. Y aunque es de todos conocido, las gravísimas consecuencias que acarrearían una nueva conflagración mundial (nuclear); hoy el militarismo está en su apogeo, y los bloques militares, los pactos de defensa y los planes de agresión, están a la orden del día.
Cualquier cambio social que se produzca en un Pueblo Oprimido, puede cambiar la correlación político-militar de las DOS FUERZAS en CONFLICTO. Y como el Capitalismo decadente, (igual y como lo hicieron las anteriores sociedades en ruinas), se resiste a perecer ante los embates de la Historia; su irracionalidad y fechorías políticas se hacen cada vez más temibles, para un Campo Socialista europeo que, aunque sabe (teórica y prácticamente), que tiene asegurada la victoria, valoriza al “tigre de papel”, sus colmillos atómicos.
No se puede criticar entonces que, todos estos hechos sean consecuentemente valorizados. Nadie quiere suicidarse, pero un sistema social decadente, condenado a muerte por las leyes de la Historia y del Progreso Social de los Pueblos, nada pierde con enfrascarse en un conflicto armado del que, si bien es cierto que no tiene posibilidades de sobrevivir, por lo menos posee HOY, la capacidad de perecer con su adversario. De lo que se comprende la carrera armamentista, y la preocupación del Capitalismo y del Socialismo, en no marchar a la zaga en la evolución y el progreso económico, que significan recursos y medios para garntizar la seguridad de sus respectivas fronteras.
Esta realidad ahonda más el abismo existente entre el Socialismo triunfante que puede esperar, y la lucha revolucionaria de los Pueblos Oprimidos que no pueden darse el lujo de esperar, para sobrevivir y grantizar su desarrollo y progreso económico. Y es que:
Mientras los pueblos comienzan a comprender que, sólo a través de las guerras revolucionarias conquistarán su liberación, el Campo Socialista Europeo ve en las guerras de liberación, un peligro latente para la paz mundial, un infranqueable obstáculo para lograr el tan deseado (pero no tan necesario), intercambio económico con el capitalismo occidental y su coloso, los Estados Unidos de América.
Y del mismo modo que la liberación de un Pueblo Oprimido, fortalece al Campo Socialista y debilita al Capitalismo, así también puede transformarse una guerra de liberación, en un conflicto internacional capaz de trastocar la Coexisténcia Pacífica, y arrastrar al Campo Socialista a una hecatombe (nuclear) a todas luces indeseada, y ante la que se haría todo lo posible por evitar su consumacíon.
“Para qué la guerra nuclear si el hundimiento del Capitalismo es una realidad incuestionable?”. “!Fortalezcámos el Socialismo para impedir con ello que el Capitalismo decadente, nos ataque por sorpresa, y obligarle en el momento final (que puede durar siglos), a aceptar pacíficamente la transformación y el progreso social de los Pueblos!”... Estos son hoy (1967), los razonamientos de los hombres del Kremlim. Razonamientos fríos y carentes de romanticismos, pero respaldados también por cohetes y bombas nucleares.
Pero; es hoy la Coexisténcia Pacífica una tésis impugnable?... Si partimos de las necesidades de 1967 de la Unión Soviética y de sus aliados europeos, sí lo es. Pero si partimos, de las necesidades de los Pueblos Oprimidos, no lo es. La veracidad de todo eso lo demuestra el simple hecho que:
Mientras la Coexisténcia Pacífica es adecuada, para las necesidades de la Unión Soviética y del Campo Socialista Europeo, las guerras revolucionarias de liberación lo son, para los Pueblos Oprimidos. De ahí que en la ACTUALIDAD (1967), el antisovietismo, entendido como la oposición a la estratégia política del Kremlin, no sea anticomunismo, y la Coexisténcia Pacífica es en cambio anticomunismo, en la medida en que entorpece el desarrollo de la lucha revolucionaria de los Pueblos Oprimidos.
En los difíciles años de la Revolución Bolchevique (1917-1926), el antisovietismo significaba la lucha contra el Primer Estado Proletario del Mundo, porque el problema fundamental del movimiento revolucionario internacional era, (como muy bien ya he señalado), la supeditación del marxismo-leninismo y de la lucha revolucionaria, a las necesidades que tenía para su consolidación, la Unión Soviética como Primer País Socialista.
Pero cincuenta años más tarde, cuando el Socialismo es un sistema mundial que ha cambiado radicalmente, la correlación de fuerzas existentes en la palestra política internacional, la situación es distinta. Porque hoy, (necesaria es la repetición), no se plantea el problema de la consolidación del Socialismo, sino, la liquidación del Capitalismo como sistema social, a través de la liberación de los Pueblos Oprimidos.
De lo que se concluye que, no es correcto el prevalecimiento de tésis políticas ajustadas sólo a las necesidades e intereses, de determinados países socialistas, frente a las necesiddes y derechos de los pueblos oprimidos, que en resumidas cuentas constituyen, mayoría universal en nuestro minúsculo mundo cósmico. Y como la Unión Soviética y sus aliados del Pacto de Varsovia se aferran, a esta impugnable línea política, menospreciando y negociando, (porque pretenden repartirse el mundo con los Estados Unidos de América, al intentan mantener un status-quo perjudicial para los pueblos del Tercer Mundo); el ANTISOVIETISMO, entendido como OPOSICION combativa a la estratégia política soviética, deja de ser anticomunismo para convertirse en una apremiante NECESIDAD REVOLUCIONARIA.