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!El 666 revela algunos aspectos sobre la vida del
del Coronel Caamaño en Europa!
666
(Continuación de) LA ETAPA DE LUCHA REVOLUCIONARIA MARXISTA DE EL 666, AL LADO DEL CORONEL FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑO, EN 1965-1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
El 666, durante su lucha al lado del Presidente constitucional dominicano, Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, contra la intervención militar norteamericana de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
(Continuación de): EL 666 SE DESPIDE EN 1967 DE LA UNION SOVIETICA, Y SE MARCHA A HACER UNA NUEVA REVOLUCION LATINOAMERICANA, AL LADO DEL CORONEL CAAMAÑO.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666” )
Histórica carta de El 666 al Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –PCUS-, y al movimiento revolucionario en general, analizando la lucha revolucionaria de los pueblos del Tercer Mundo, en la fecha del 50 aniversario de la Revolución Bolchevique rusa de 1917, carta en la que El 666 critíca también la política oficial soviética de “Coexisténcia Pacífica” de 1967, explica el inesperado e increíble surgimiento histórico -en Abril de 1965-, del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, como nuevo líder revolucionario dominicano y latinoamericano, y carta en la que:
El 666 demuestra también con el ejemplo de su propia lucha revolucionaria que, el camino correcto a seguir (en 1967) era el de:
Hacer la Revolución, secundar y apoyar los planteamientos y tésis de lucha armada revolucionaria permanente,
del asesinado Comandante Ernesto Che Guevara, y vencer o morir por la liberación de los pueblos oprimidos, en los combates que se ganan o se pierden pero que se dan contra el Imperialismo.
(Continuación de): LA HISTORICA CARTA DE EL 666
AL PARTIDO COMUNISTA DE LA UNISON SOVIETICA EN EL AÑO 1967. 2 (3)
Estrategia que trasladada a la palestra política de los países subdesarrollados, se traduce en el apoyo a “gobiernos democráticos” o “imparciales y serios”, (¡en una Sociedad de Clases!). Y si no es así; ¡que lo diga nuestra América llena de fé y sufrimientos sin límites!...
No puedo yo en tan pocas palabras pretender ser “comprendido”, ni mucho menos “convencerles” a ustedes, de lo que claramente y sin vacilaciones estoy comenzando a exponer, pero estoy firmemente convencido de que éste análisis, o cómo ustedes quiéran llamarle; ¡les pondrá a pensar!. Consciente o incoscientemente, ¡les pondrá a pensar!. A los equivocados honestos y a los vacilantes e hipócritas que, conociendo la verdad, esconden el resultado de sus ecuaciones.
Y quizás pondrá también a pensar a los indiferentes y a los “revolucionarios” de poco valor y escasa fé que, no obstante, enfrentan diariamente estos problemas. Por eso expondré en este análisis, partes de las experiencias que han llevado a hombres como quién escribe, a identificarse con semejante radicalización revolucionaria, con tan “increíble” intransigencia política.
Recuerdo ahora, la fracasada Revolución Militar Constitucionalista del 24 de Abril de 1965, que se produjo en la República Dominicana y que, cuatro días más tarde, el 28 de Abril , conllevó al desembarco de más de 42,000 paracaidístas e infantes de marina del imperialismo norteamericano, en Santo Domingo de ese mismo año. Recuerdo la forma tan “dialéctica” en que se produjo. La miopía y poca fé en ella, de los que se decían ser revolucionarios. De quiénes se autotitulaban vanguardias y amos de la Revolución Dominicana.
Marines norteamericanos en Santo Domingo 1965.
Tropas de la Infantería de Marina norteamericana fortifican sus impugnables posiciones
militares, frente al Hotel Embajador en Santo Domingo 1965.
*** *** ***
Recuerdo el surgimiento histórico e imprevisto del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, cómo Líder indiscutible de ese movimiento. Recuerdo la oprobiosa, incalificable e impune intervención militar norteamericana que, impidió momentáneamente a sangre y fuego, el triunfo de la Revolución Domincana. ¡Cuántas cosas existen compañeros para recordar!. ¡Para recordar y analizar!. ¡Para analizar y aprender!. Sin embargo; ¡qué poca valorización le damos a estos hechos!, ¡a enseñanzas y verdades arrojadas por la propia História!. Y lo no menos importante; ¡que poco aprendemos de ellos!, ¡que pronto los olvidamos!.
Hoy para mí las cosas están más claras, a pesar del tiempo transcurrido y de que aquel presente, es un ayer. No siempre el hombre tiene la capacidad y el valor de comprender, la naturaleza de situaciones históricas. Ni mucho menos de acatar sus consecuencias en la forma en que a mí, la misma lucha, me lo ha enseñado. Y si tuviera que resumir todos esos conocimientos en un solo postulado, no vacilaría con exponer que, cuándo los hombres que tienen una visión amplia, un conocimiento científico de la História se equivocan, vacilan y huyen, los Pueblos actúan, porque las Revoluciones las hacen los Pueblos, (como bién lo ha señalado Fidel).
En aquel Santo Domingo víctima de la codicia y sed de sangre del imperialismo norteamericano, aquel 24 de Abril de 1965 era, un día más para nuestros grandes “teóricos”, para nuestros “insobornables” y “valientes” “camaradas”. Para los que se autotitulan todavía, amos y dueños de la Revolución Dominicana. Para los que deciden quién es revolucionario y quién no lo es. Para los que determinan, quién puede luchar por nuestra Patria y quién no puede hacerlo.
Para los que representan en pomposos congresos internacionales al “Pueblo Dominicano”, cuando en realidad se representan ellos mismos. Para los que se embolsillan la ayuda que otros pueblos hermanos aportan como internacionalismo proletario, para el desarrollo de nuestra justa lucha. Para todos esos dioses y profetas criollos. Revolucionarios de cafés y de coqueteos y tertulias de alta sociedad. Vástagos de “sangre azul” que se ufanan en haber heredado, -por un testamento que Lénin nunca escribió-, el patrimonio de la Revolución Dominicana, (el mismo fenómeno sucede en la mayoría de los páises del Tercer Mundo).
Para todos ellos, aquel Sábado de Abril de 1965, -necesaria es la recordación-, era un día más. Un día más en que los agentes de la CIA norteamericana, continuaban inactivos con sus despachos llenos de polvo, por haber creido el United State of Departament que, el pueblo dominicano había sido castrado por el chacal, verdugo y figura execrable que, durante más de treinta años ( el ajusticiado dictador Rafaél Leonídas Trujillo Molina –1930-1961), mantuvo en el Poder en Santo Domingo la Banca de Wall Street.
Más de treinta años de opresión, de bestialidades, crímenes y barbarie, parecían garantizar al Departamento de Estado Norteamericano y a los agentes de la CIA en Santo Domingo, (científicos del crímen y la opresión), la tranquilidad de los “weekends” a que ellos consideraban derecho a tener, en nuestros pueblos oprimidos.
Lo que se gestaba pues era, una “confabulación” más del “imperialismo”, o de los demócratas charlatanes que pretendían desbaratar, la tranquilidad y proyectos de un fin de de semana de ... “Coexisténcia Pacífica”. Además, las “condiciones históricas” en la dominicana, no estaban “maduras”, (en realidad están podridas), para el estallido de un movimieto revolucionario.
Pero como las revoluciones no son productos de charlatanerías de cafés, ni de promesas altisonantes. De retratos de Lénin o de frases de Marx. Cómo la Historia no se detiene ante la ineptitud, cobardía, vacilaciones y traiciónes de quiénes afirman representarla. Cómo las revoluciones son consecuencias, de las necesidades de progreso y superación que tiénen los pueblos, para liberarses de las misérias, las inculturas, las desigualdades y las explotaciónes a que los mantienen sumido, grupos minoritarios decadentes que detentan el Poder.
La Revolución aplastó a los “sabelotodos”. Se burló de los “siete machos” que planifican luchas armadas, en hoteles con aires acondicionados o en pomposos congresos internacionales. Humilló a los “científicos” y “teóricos” que pregonan, la ausencia de condiciones históricas, cada vez que el desarrollo de una lucha revolucionaria les exige jugarses el pellejo. Y aquel Sábado de Abril de 1965, para sorpresa de Mesías, Apóstatas, Judas y Fariseos, no fue un día más.
Fué un día más para el gusano cubano, traidor de merecido exilio que vegeta en Miami, pero no para el campesino y obrero dominicano que pedía pan para sus hijos. Fue un día más en los barrios residenciales de esa oligarquía vende-patria y traidora que succiona, la sangre de nuestros pueblos oprimidos, pero no para aquellos desheredados de los barrios bajos que, con palos y piedras en las manos, se lanzaron a reclamar y a conquistar sus derechos, en un desigual y apocalíptico combate que, la indescriptible miseria de un país subdesarrollado, hacía ya impostergable.
Aquel día no fue un día más, y timbrando mis recuerdos de poesía puedo afirmar que, aquel día, el rocío llevaba un polen que maduró al amanecer y lo tiñó todo de rojo, y que las turbulentas aguas del Mar Caribe, ajusticiadoras de desertores, bucaneros y piratas, fuéron opacadas por la virilidad de un pueblo hambriento que exigía Revolución.
Aquel día, para admiración y sorpresa del mundo, el Pueblo Dominicano se lanzó a la Revolución. Y junto al Pueblo, nos fuímos Nosotros los de “abajo” en el “Partido”. Nosotros, los que nunca tuvimos acceso al entrenamiento militar y cosas por el estilo, (por ser este monopolio y privilegio de unos cuantos charlatanes que, no se jugarían nunca el pellejo por el triunfo de la Revolución).
Nosotros, militantes honestos que no fuímos nunca dueños ni amos del “Partido”. Nosotros, fuímos los que nos lanzamos junto al pueblo, a realizar la Revolución.
Tropas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos de América
en Santo Domingo 1965.
Armados hasta los dientes, una patrulla de la infantería de marina norteamericana
patrulla unos de los sectores de la capital dominicana, ocupados y tomados después de duros
combates por las tropas norteamericanas, en Santo Domingo 1965.
*** *** ***
Nosotros, fuímos los que junto al Pueblo, demostramos una vez más al mundo que los yanquis son también, de carne y hueso. Nosotros, fuímos los que para el espanto de los políticos tradicionales, (que jamás empuñaron el fusil para defender la patria mancillada), tiroteamos después de iniciada la invasión, la Embajada Norteamericana, como repudio y justa revancha por los crímenes que desde allí, se han dirigido contra el Pueblo Dominicano. Nosotros, señores, fuímos los que fundidos con el Pueblo y acatando la disciplina e intrucciones, de la masa militar constitucionalista dirigida por el Coronel Caamaño; hicimos posible la resistencia armada a la invasión imperialista .
Y cuando los politiqueros y charlatanes del “Partido”, tuvieron el valor de buscarnos para darnos a conocer las instrucciones del “CC”, (del Comité Central del “Partido”), Nosotros, cuadros de bases, ya habíamos cobrado con el Pueblo, ancestrales deudas de justícia, defendiendo a sangre y fuego con el fúsil, el derecho de nuestro Pueblo a ser libre, soberano e independiente. Y junto a Nosotros estaban también, las bases -las militancias- de las demás organizaciones políticas izquierdistas, existentes en el país, cuyos dirigentes tampoco quisieron “hacerle el juego al imperialismo”, y brillaron por su ausencia en los momentos más difíciles de la lucha armada constitucionalista. Todas esas bases estaban con Nosotros, presas del mismo fenómeno revolucionario.
Ante esta inconcevible realidad revolucionaria en que, los “vanguardias” fuéron vanguardizados por un Pueblo analfabeto que desconoce, “las leyes de la Guerra”, “la dialéctica marxista”, que no ha sabido nunca de la existéncia de un Lénin o de un Carlos Marx, que no conoce las delicias de un “histórico” congreso internacional y mil cosas más, (¡que vergüenza para todos esos “doctos ilustres” que han menospreciado siempre, el valor y la capacidad de nuestras masas), los dirigentes sin Pueblo, cómo los teóricos sin masas, tuvieron que correr para alcanzar el carro de lo que era ya en sí, principios de una Revolución. Mientras que Nosotros, los de “abajo” en el “Partido” estábamos ya junto al Pueblo, porque hemos tenido siempre la convicción de que dónde participa el Pueblo; no hay farsa ni componenda que dure, y menos cuando las armas estában ya en nuestras manos.
Entonces mandamos al infierno a las Casandras y con el permiso solo, de nuestras conciencias revolucionarias, (o pseudorevolucionarias como afirman muchos detractores), desconocimos el “Partido”, (sus vacilaciones, sus ineptitudes, sus inconsecuencias), y nos fundimos sin recelos con las masas, defendiendo con las armas sus intereses, sin zancadillas políticas, sin dogmatismos ni sectarismos, y sin importarnos que fueran los burgueses, “liberales” y “demócratas”), los que en una de sus tantas conspiraciones para un “quitate tú para ponerme yo”, pusieron inconscientemente al Pueblo en movimiento, desencadenando acontecimientos superiores a los que habían previstos. Acontecimientos que se transformaron horas más tarde en conflicto de carácter internacional, con la intervención militar del Imperialismo Norteamericano.
Después que el “imperialismo” puso al Pueblo en la plenitud de sus facultades, no tardaron en aparecerses los de “arriba”, (los miembros del Comité Central del “Partido” y demás cuadros dirigentes), de todas las organizaciones “marxistas-leninistas” existéntes en el país, ¡vestidos de Verde Olivo!. Y mientras un Pueblo luchaba y moría, en las calles transformadas en trincheras y en sangrientos campos de batallas, para conseguir siquiera una “pistolita”, ya los aguerridos camaradas de “arriba” de nuestros ilustres “Partidos Comunistas”, se encontraban en zafarrancho de combate. Ya habían en cuestión de horas cambiado de uniforme, para tratar de dirigir masas insurrectas. Hombres que consiguieron armas sin participar en un combate, sin sentir en carne propia el impacto de una bala; estában ya dando órdenes sobre los aspectos procedentes e improcedentes de una lucha armada.