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666
VERDADES PARA UN TIRANO LATINOAMERICANO.
(Sobre la muerte del Coronel Caamaño). 1 (3)
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
El Coronel Caamaño como Presidente Constitucional dominicano en 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
“Cuándo se muere en brazos
de una patria agradecida,
la muerte acaba,
la prisión se rompe,
y empieza al fin con el morir
la vida.
-José Martí-
16 de Febrero de 1976.
Estocolmo, Suécia.
Para:
Dr. Joaquín Balaguer.
“Presidente Constitucional”
de la “Dominican Republic”.
El Presidente dominicano Joaquin Balaguer (1966-1980)
El Dr. Joaquin Balaguer Ricardo como Presidente y dictador títere norteamericano
en la República Dominicana en los años de 1966-1980:
Fué uno de los
gobernantes mas represivos, criminales, hipócritas, sinverguenzas y
corruptos que la Historia Dominicana ha conocido, hasta el punto de conocerse
también internacionalmente con el tenebroso nombre de "El Maquiavelo
del Caribe".
*** *** ***
Excelentísimo y Honorable Señor Presidente:
Se dice que, cuándo el Coronel Caamaño fué asesinado, las estrellas palideciéron
y derramaron lágrimas. Pregunté a un poeta y me dijo que sí, que fué cierto; que cuándo el Coronel Caamaño fué asesinado, la naturaleza enmudeció y derramó lágrimas. Pregunté a un combatiente revolucionario y lo confirmó también, que, cuándo el Coronel Caamaño fué asesinado; el Pueblo Dominicano palideció y derramó lágrimas, y, unas de las tantas madres que visten de luto, por la pérdida de un hijo desaparecido bajo su gobierno, señaló también, mientras desayunaba otro bocado de lágrimas que, cuándo el Coronel Caamaño fué asesinado, de su Palacio de Gobierno, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República; se escucharon vivas y exclamaciones de alegrías, y una vez más se derramó sangre; Sangre del Pueblo.
Cadáver del Coronel Caamaño. (16 de Febrero del año 1973)
Como se puede ver en esta fotografía del cadáver del Coronel Caamaño:
El mismo fué asesinado -entre otras cosas- incluso, con un tiro de gracia en la cabeza.
*** *** ***
No ha sido esto Señor Presidente, la pesadilla o imaginación de un combatiente revolucionario que, lleva ya casi diez años de exilio (los años de su “gobierno”). Ha sido esto, una oda trágica protagonizada en un país sometido, por las desgracias de la barbarie y del oprobio y que, hace casi once años para ser más exacto, la invasión de más de cuarenta y dos mil marines y paracaidístas norteamericanos, hicieron famoso en el mundo entero.
Y lo no menos importante Señor Presidente que, cuándo los periódicos publicaron las fotografías del héroe asesinado, su gobierno pretendió presentar con ellas, el cadáver de la Revolución Dominicana. Y nuestro pueblo analfabeto que, tantos reveses ha sufrido, llegó también a creerlo; que el cadáver del héroe muerto, era el cadáver de la Revolución Dominicana.
Y los políticos sin pueblo y los falsos líderes revolucionarios, (que tantos males han ocasionado al país), pretendieron también presentar en el cadáver del héroe asesinado, -con sus silencio, inactividad y abjuración acusadoras-; el cadáver de la Revolución Dominicana, haciéndoses cómplices de sus asesinos al ver en el crímen, la desaparición de un rival que amenazaba con trastocar ambiciones malsanas, sueños de Poder y de “grandezas”, cimentados a espaldas de los intereses populares, y en abjuración a ideales y principios políticos, -por no decir “revolucionarios”-, contraídos con el Pueblo.
Pero estudiando y revisando la Historia; aprendiendo de los reveses y las lecciones amargas, y como compañero y portavoz de las metas e ideales de tantos héroes caidos, puedo señalarle a usted y a los políticos sin pueblo que, el cadáver del Coronel Caamaño no ha sido ni será nunca, el cadáver de la Revolución Dominicana. Ha sido sólo el cadáver de un combatiente más, irreparable pérdida por cuanto fue un combatiente ejemplar, pero nunca, -y necesaria es la repetición-, el cadáver de la Revolución Dominicana, porque, a ese porvenir que representa para nuestro pueblo la Revolución, no se renuncia por la pérdida de los mejores combatientes:
“No se renuncia, porque un ejército de veinte mil (o cincuenta mil –el paréntesis es mío-) hombres, guarden la entrada de la Patria; los soldados (Señor Presidente), mueren en los combates, desertan o cambian de bandera. No se renuncia, porque la fortuna haya favorecido a un tirano durante largos y pesados años; la fortuna es ciega y un día que no acierte a encontrar a su favorito, entre el humo denso y la polvareda sofocante de los combates; Adios tirano, adios tiranía.
“No se renuncia, (a la Revolución –el paréntesis es mío-), porque todas las brutales e ignorantes tradiciones coloniales, hayan podido más en un momento de extravio, en el ánimo de masas inexpertas; las convulsiones políticas traen también la experiencia y la luz y es ley de la humanidad, que, los intereses nuevos, las ideas fecundas, el progreso, triunfen al fin, de las tradiciones envejecidas, de los habitos ignorantes y de las preocupaciones estacionarias.
“No se renuncia, (a la Revolución –el paréntesis es mio-), porque en un pueblo haya, millones de hombres candorosos, que toman el bien por el mal, egoístas que sacan de el su provecho, indiferentes que lo ven sin interesarse, tímidos que no se atreven a combatirlo; corrompidos en fin, que, no conociéndolo, se entregan a el por inclinación al mal, por la depravación; siempre ha habido en los pueblos todo esto y nunca el mal ha triunfado definitivamente.
“No se renuncia, porque los demás pueblos americanos no puedan prestarnos su ayuda; porque los gobiernos no ven de lejos sino el brillo del poder organizado, y no distinguen en la obscuridad humilde y desamparada de las revoluciones, los elementos grandes que estan forcejando para desenvolverse; porque la oposición pretendida liberal, (democrática o revolucionaria –el paréntesis es mio-), abjure de sus principios, imponga silencio a su conciencia y por aplastar bajo su pié, un insecto que la importuna, huelle la nobleza a que ese insecto se apegaba.
“No se renuncia, (a la Revolución –el paréntesis es mio-), porque los pueblos en masa, nos den la espalda a causa de que nuestras miserias y nuestras grandezas, estan demasiado lejos de su vista para que alcance a conmoverlos. No. No se renuncia a un porvenir tan inmenso, a una misión tan elevada, por ese cumulo de contradicciones y dificultades. Las dificultades se vencen; las contradicciones se acaban a fuerza de contradecirlas”. (Tomado del libro “Facundo” de Domingo F. Sarmiento, páginas 23-24, Alianza Editorial, edición 1970, Madrid).
El Coronel Caamaño era solo un combatiente ejemplar, un militante de primera línea, producto de la fracasada Revolución Dominicana del 24 de Abril de 1965, y de la lucha de nuestro pueblo contra la intervención militar norteamericana, en Santo Domingo de ese mismo año. El Coronel Caamaño era el personaje histórico más singular, más notable que ha conocido la Historia Dominicana en los últimos cien años. Un caudillo revolucionario que, circunstancias adversas y fortuitas, impidieron cristalizar, pero:
“Un caudillo que encabeza un gran movimiento social, no es mas que, el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, las necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación, en una epoca dada de su historia”. (Domingo F. Sarmiento, en su libro “Facundo, pag. 24 de la edición ya señalada).
Puedo señalarle por boca de Sarmiento, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente que:
“Hay un momento fatal en la historia de todos los pueblos y es aquel en que, cansados los partidos de luchar, piden antes de todo, el reposo de que por largos años han carecido, aun a expensas de la libertad o de los fines que ambicionaban, este es el momento en que se alzan los tiranos que fundan, dinastias e imperios. Roma, cansada de las luchas de Mario y de Sila, de patricios y plebeyos, se entregó con delicia, a la dulce tirania de Augusto, el primero que encabezaba la lista execrable, de los emperadores romanos” (Domingo F. Sarmiento, ibid, pag. 233).
“Pero la Historia, (Señor Presidente –el paréntesis es mio-), no ha de tejerse solo con crímenes y empaparse de sangre; ni es por demás traer a la vista de los pueblos extraviados, las páginas casi borradas de las pasadas épocas”. (Domingo F. Sarmiento, ibid, pag. 188).
No importa que usted, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente, no se canse de derramar sangre, de reprimir y mentir, y no permita el regreso al país y a sus hogares de los mejores hijos del pueblo, subyugados y anulados por los asesinatos, las prisiones, el exilio y el destierro.
“Nada importa esto para el progreso de un pueblo. El mal que es preciso remover, es el que nace de un gobierno que tiembla, a la presencia de los hombres pensadores e ilustrados y que para subsistir, necesita alejarlos o matarlos. Nace de un sistema que, reconcentrando en un solo hombre toda voluntad y toda acción, el bien que el no haga porque no lo conciba, no lo pueda o no lo quiera, no se sienta nadie dispuesto a hacerlo, por temor de atraerse las miradas suspicaces del tirano, o bien porque donde no hay libertad de obrar y pensar, el espiritu público se extingue, y el egoismo que se reconcentra en nosotros mismos, ahoga todo sentimiento de interés por los demas. -“Cada uno para sí, el azote del verdugo para todos”-. He ahí el resumen de la vida y gobierno, de los pueblos esclavizados”. (Domingo F. Sarmiento, ibid, pag. 188).
Usted, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, se siente llamado a mandar, a surgir de un golpe, a crearse solo, a despecho de la sociedad civilizada y en hostilidad con ella. Y para lograrlo, hace una carreraa su modo, que no es nueva ni extraña en la Historia; asociando el valor y el crímen, el gobierno y la desorganización.
Y mientras otros, que sienten también el mismo llamado a mandar, van al frente de la humanidad civilizada en unas partes, usted, Señor Presidente; terrible, sanguinario y malvado, constituye en otra parte, en nuestro país –la República Dominicana-, su mancha, su vergüenza y su oprobio porque:
A esa necesidad existente en el hombre de desenvolver sus fuerzas, su capacidad y su ambición, faltándole a usted las cualidades y los medios legítimos, la ha desarrollado usted en un mundo que, sólo a los que son como usted les es propio; un mundo con su moral y leyes aparte, divorciado del progreso y la civilización.
Esos fueron también los senderos de Trujillo. Y treinta años de bestial tiranía, pertenecen hoy al pasado. Déspota, obras e imperio, fueron borrados de la faz del país sin el menor remordimiento. Y de todo aquello que usted conoció y sirvió, solo queda hoy el recuerdo y el odio del Pueblo, hacia los que fueron sus verdugos. Comparado con Trujillo, usted es solo su sombra. Una sombra que pretende perpetuarse en el país, en el Poder, en el Gobierno.
Pero Trujillo, a quien usted sirvió y aduló y de quién usted aprendió “tantas cosas”; Trujillo, que fue solo un genio del mal y la perversidad, científico del crímen y la opresión, se mantuvo en el Poder por más de treinta años, sin poder evitar por ello, el trágico final que espera a los fariseos de la humanidad, y desapareció “como por encanto” sin dejar huellas, porque treinta años de oprobio no son nada, en la História de un país.
Los Pueblos se rebelan, luchan, se sacrifican y al final, logran deshacerses de sus males y cuando se sacuden; tiranos, opresores, explotadores y lacayos, vuelan por los aires y desaparecen hecho añicos, por esos huracanes de la Historia que son las Revoluciones.
Y vale la pena que le recuerde todo aquello, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer; el “Ilustre Jefe”, el “Primer Maestro”, el “Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva”, el “Campeón del Anticomunismo en América”, el “Benefactor de la Iglésia Católica, Apostólica y Romana", en la República Dominicana, el “Ilustre Varón de San Cristobal”, el “Doctor” (a pesar de que nunca asistió a una Universidad), el “Estadista Ilustre”, la “Figura Egregia de Sangre Azul”, (la que derramó era roja), el “Generalísimo, don Rafael Leonídas Trujillo Molina, el “Hombre Fuerte” de la República Dominicana, (“Trujillolandia”), que llegó hasta el ridículo y la desfachatez de cambiar el nombre a la capital dominicana, Santo Domingo, por el de “CIUDAD TRUJILLO”; hazmerreir y payaso de historiadores y cronistas occidentales, “Figura Egregia” que llenó titulares y páginas en la Prensa Amarilla Internacional, es hoy sólo un espectro ridículo y amargo del pasado.
Títulos, medallas, imperios y prebendas desaparecieron como por encanto, y hoy los Trujillo son solos, unos más cuyos millones no pueden permitirles, los excesos y los lujos del pasado, porque, los millones –y fortuna- de los Trujillo en Europa o en los Estados Unidos, no alcanzan ni siquiera para barrer o limpiar, el terreno que pisa un Agha-Khan, un Onássis o un Rockefeller, para citar ejemplos.