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666
(Continuación de): VERDADES PARA UN TIRANO LATINOAMERICANO. (Sobre la muerte del Coronel Caamaño). 2 (3)
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
El Coronel Caamaño en Santo Domingo 1965
Durante la Revolución Constitucionalista dominicana del 24 de Abril del año 1965, Esta fotografía del Coronel
Caamaño como Presidente constitucional de la República Dominicana, dirigiendo la Revolución Militar-Popular
Constitucionalista del 24 de Abril de 1965 en santo Domingo, fué una de las fotografías más características
de un Coronel Caamaño nuevo y diferente, heroico defensor de las libertades y derechos del pueblo dominicano.
Y como son ceros a la izquierda fuera de nuestro país, pretenden de nuevo regresar a el. Hombres de sueños e ilusiones frustradas. Ineptos que pretendieron colarses en la Historia. Lacras que jamás lograrán sacudirses, el triste y oprobioso pasado; la sangre derramada, los crímenes cometidos, los inolvidables
e imperdonables delitos contra un Pueblo al que menospreciaron, humillaron, pisotearon, oprimieron, maltrataron y saquearon, como pocas veces se ha visto en la Historia Universal.
De Trujillo, que fue solo El Chacal del Caribe y un asesino sin fronteras, el opresor y verdugo de un Pueblo, no queda hoy ni los titulares de prensa. Tirtulares que usted, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, jamás llegará a igualar ni mucho menos a superar. Porque Trujillo fue el Maestro y usted es solo su sombra:
Una figura servil y llena de resabios y complejos a quien Trujillo castró, poseyó y humilló durante más de treinta años, sin querer con esto decir que usted haya sido una víctima de Trujillo, ya que es de todos conocido en la República Dominicana que, su “Benefactor” e “Ilustre Jefe”, se deleitaba con deshonrar y humillar a sus propios servidores; lambones, lacayos y asesinos a sueldos y:
Su culpabilidad y participación en los crímenes y fechorías de la tiranía trujillista contra el Pueblo Dominicano, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, es un hecho indiscutible e imperdonable, ante la Historia Universal y ante el Pueblo Dominicano.
Es natural pues, que usted se sacíe hoy con sangre y crímenes propios, y realize lo que no pudo realizar en el pasado, y devuelva también los ultrajes y los boches que recibió, de parte de su queridísimo e ilustrísimo jefe, el en ese entonces “Benefactor de la Patria”, cuyos restos putrefactos descansan en una tumba sin nombre de un famoso cementerio de París. Y es que, como usted sabe, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República:
Si las demás hienas y vampiros de la familia Trujillo hubieran enterrado el cadáver del tirano ajusticiado, (por sus propios esbirros, vendidos esta vez al imperialismo norteamericano), en cualquier incógnito lugar de nuestro país; los restos del “Benefactor”, el Pueblo lo hubiera echado de comer a los perros. Si los suyos, Dr. Balaguer, correrán la misma suerte, es hoy un enigma que la História en su dia, llegará a aclarar.
Que con sus crímenes y fechorías, usted mismo se situé ahora en el museo de los horrores, de la desverguenza, el crímen y el oprobio, concatenándose también entre los EXCREMENTOS DE LA HISTORIA, no es producto del azar si se considera que: tiranías como las suyas son consecuencias en los países subdesarrollados, de la intervención e influencias de fuerzas económicas foráneas, representadas por los Estados Unidos de América y por la Banca de Wall Street.
Y es que usted como hombre culto conoce perfectamente que, los tiranos y verdugos de Pueblos Oprimidos, son impotentes para detener el curso de la Historia, y cómo sus victorias fugaces pero sangrientas, son solos para los Pueblos, lecciones amargas de aprendizaje y superación. Y el reflujo y el caos en las filas revolucionarias y en la oposición en general, tiempo de reflexión para los supervivientes, y para que (en él), los mejores hijos del Pueblo, los mejores cuadros revolucionarios reflexionen, analicen y mediten, sobre los errores cometidos; aprendan las lecciones amargas que enseña la Historia.
Y si son verdaderamente revolucionarios; si los ideales patrios no son un sarampión pasajero, -adquiridos en momentos efusivos-, si son en cambio, productos de conciencia y superación, de verdadera fé y creencia política, restañen sus heridas con las experiencias y enseñanzas que arrojan, las lecciones aprendidas. Rescaten los ideales y las banderas de los héroes caídos, y se preparen para recorrer en la victoria o en la muerte, los difíciles y nuevos caminos de lucha que deparan la Revolución.
Hasta ese día en que la fortuna que es ciega, y que hasta hoy ha favorecido al tirano execrable –y a los enemigos del Pueblo y la Revolución-, no acierte a encontrar a su favorito, entre el humo denso y la polvareda sofocante de los combates, y el Pueblo se despierte bajo el teñido vibrante de las campanas que anunciarán; no el cumpleaños del tirano execrable, sino el triunfo de la Revolución y la libertad del Pueblo hoy oprimido.
El Coronel Caamaño ha muerto. Con mortaja verde olivo barbas y fusil. Para los que crean que con su muerte se detiene la Revolución Dominicana, necesaria es la aclaración que desconocen la Historia, y la mecánica de los procesos sociales.
La História está llena de mártires y de héroes anónimos y ejemplares que, como el Coronel Caamaño, fuéron en su época traicionados, menospreciados, calumniados, ultrajados y mancillados. Está llena de ríos de sangre que se creyó, no regó nada. Pero las épocas históricas están ahí. Los cambios sociales también. Demostrándose fehacientemente que, ningún sacrificio realizado en aras de la superación y el progreso de los Pueblos, de su independencia económica y política, es un sacrificio realizado en vano.
Y si usted y los enemigos del Pueblo desean saber, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, (abanderado del crímen, el atraso, el robo, la explotación, la miseria, la desigualdad, la injusticia y el oprobio); si el Coronel Caamaño a pesar de sus errores, fue feliz en el desarrollo de la causa abrazada, les puedo afirmar con conocimientos de causa que:
El Coronel Caamaño fue felíz, en el desarrollo y defensa de la causa abrazada, en la continuación de tan justa lucha porque, el Coronel Caamaño pasó a ser de un hombre sin conciencia, intereses e ideales por el Pueblo, a defensor y caudillo de ese mismo Pueblo, ante el cual supo un día redimirse, defendiendo sus derechos, y consagrando su vida a la conquista de nuestra veradera independencia, adquiriendo con ello su estatura de HOMBRE, y constituyéndose inevitablemente en uno de las grandes de nuestra Historia.
Y los grandes de la Historia, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, no son superhombres forjados por la pleitesía, adulonería, servilismo, megalomanía y “patriotismo” que caracteriza a tiranuelos, politiqueros y mediocres, que creen poder ocultar ante la Historia, la escoria social a que pertenecen.
Los grandes de la Historia, son hombres corrientes y del Pueblo que, si bien es cierto son superiores al hombre común, lo son, no por la propaganda y verborrea alucinante que se pagan con el oro del Pueblo, sino, por la adquisición de una conciencia cívica y por la superación de debilidades y defectos que, les han llevado a realizar un indescriptible salto de superación y progreso, en la naturaleza de la especie humana. Y aunque no todos los hombres pueden protagonizar sus hechos, está al alcance de todo mortal igualarlos o superarlos. Todo es cuestión de honestidad, ideal, valor, fé, moral y conciencia.
Los grandes de la História, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, son grandes por sus hechos, no por las cualidades e ideales fabricados en Wall Street, pregonados por la Prensa Amarilla o por la propaganda oficial dirigida, por los adulones de turno. Los grandes de la História, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente, no son superhombres como usted que trabajan “siete días a la semana, dieciséis horas diarias”; tampoco son genios precoces, ni mucho menos, “una de las grandes figuras literarias del mundo de habla hispana”, o uno de “sus más sobresalientes historiadores y economistas” (¡), cómo usted mismo se anuncia en “The New Yorka Times” y en espacio pagado, (de lo contrario no se atreverían nunca a publicar semejantes falacias), en la edición del 3 de Octubre de 1971, sección 14 de anuncios, de ese famoso periódico norteamericano.
Tampoco son como usted, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, “patriotas” por quienes las masas populares se lanzan desbordadas a las calles cada cuatro años, para implorar con lágrimas de agradecimiento, su reelección presidencial, o exigir su permanencia en la jefatura de los asuntos del Estado.
Los grandes de la Historia, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, son todo lo opuesto a usted; no se anuncian como una mercancia más, para el consumo de Wall Street. No poseen sus ilustres y nobles cualidades, ni mucho menos son genios precoces, o un “Bnefactor” a quién, la voluntad magnánima del Pueblo obliga a permanecer en el Poder, impidiéndo a su “Alteza Serenísima” abandonar “la silla de alfileres”, (la Jefatura del Estado), para citar ejemplos.
Los grandes de la Historia, son hombres corrientes y del Pueblo que por superación, valor, moral, conciencia, esfuerzo y desarrollo personal, han logrado alcanzar en difícil y heroico aprendizaje, el máximo grado de superación a que se puede llegar en la especie humana; el de Defensores de la Humanidad. El de defensores de la justicia, de la igualdad, de la libertad y del progreso social.
Y para poder destacarse y ayudar a transformar el mundo, no son necesarias las cualidades que le atribuyen a usted, las páginas amarillas de “The New York Times”. Sólo es necesario, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República; honestidad, valor, conciencia, moral, fe e ideales justos y porocedentes que, unidos a un adecuado espíritu de sacrificio, mueve montañas y transforma el barro en oro.
Y un ideal justo y procedente es aquel que se traduce, en la defensa de los Pueblos. Y los que defienden los intereses de los Pueblos, defienden los intereses de la Humanidad, y los que defienden los intereses de la Humanidad, se constituyen en Paladines de la Historia, y los Paladines de la Historia son, todos aquellos héroes a quiénes tanto recordamos y admiramos, por haber hecho posibles, el triunfo de la justicia, de la igualdad, de la libertad, la felicidad y el progreso de la especie humana. Son Dioses Olímpicos. Dioses de carne y hueso que construyen con el ejemplo mismo de su lucha, monumentos inmortales; Pirámides egipcias forjadas en la conciencia, la gratitud y el recuerdo de los Pueblos.
El Coronel Caamaño, Excelentísimo y Honorable Señor Presidente de la República, fue feliz en la continuación de tan justa lucha, (la liberación de nuestro Pueblo Oprimido). Fue feliz porque después del 24 de Abril de 1965, encontró el camino de su vida, el camino de la Historia. Fue feliz porque, contrario al egocentrismo y sed de pleitesías que caracteriza a los enemigos de los Pueblos, empecinados inutilmente en defender causas inmundas, el Coronel Caamaño cumplió con su deber:
Burlándose aún en los momentos de su muerte de sus propios verdugos, al superar con creces los sufrimientos injustos que caracterizaron su agonía, (como consecuencia del ensañamiento salvaje y cruel de que fue objeto su cuerpo), al caer consciente –sin odios y sin rencores- de que su sacrificio, a pesar de retrasar temporalmente el triunfo de la Revolución Dominicana, no sería inútil, por consolidar su martirilogio fecundo nuestra lucha revolucionaria, con sus aportaciones y enseñanzas amargas, necesaria para garantizar todo triunfo revolucionario.