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666
(Continuación de): LOS ORIGENES Y LAS CAUSAS DEL FRACASO Y LA MUERTE DEL CORONEL CAAMAÑO EN 1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666” )
(El 666 defiende –en 1967-1973- y como gran estratega militar; la guerra de guerrillas, cómo correcto método de lucha política para enfrentar y destruir, la represión, explotación y existencia de las sociedades caducas, en América Latina y en el mundo).
El 666, durante su lucha al lado del Presidente constitucional dominicano, Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, contra la intervención militar norteamericana de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
EL 666 ANALIZA LAS EXPERIENCIAS GENERALES DE LA LUCHA GUERRILLERA. 2 (2)
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
(Final del Capítulo II). Experiencias generales que arrojan la lucha guerrillera.
-Tomado del libro “La Tragédia de una Revolución Inconclusa” (Tomo I)-,
de Michel Smiely 666. (Presentado como Composición y Ensayo Político en la Universidad de Estocolmo, Suécia, en 1976).
Por otra parte, guerrillas urbanas como las de los “Tupamaros” (en Uruguay), y “Montoneros” (en Argentina) –cuyas experiencias, (caso “Tupamaro”), el Coronel Caamaño en parte llegó a conocer...-, han demostrado el carácter espontáneo y fortuito de su desarrollo e influencias en el medio urbano. Su incapacidad de depuración de las mortales influencias que arrojan el mundo político urbano.
Su debilidad ante las tareas de infiltración, y ante los recursos divisionistas y corruptores del enemigo. La imposibilidad de su “pureza” ideológica y otras tantas cosas que les proporcionan, una debilidad estratégica crónica ante el enemigo. Por no señalar aquí también, la debilidad de una guerrilla urbana ante cuerpos de ejércitos, aviación y tanques, que sin decidida participación del Pueblo en los combates, no pueden ser enfrentados ni mucho menos derrotados.
De lo que se concluye que no importan los sacrificios y heroísmos que caracterizen a la lucha de una guerrilla urbana, ella no podrá escapar nunca a las influencias de su medio corrupto. A las desventajas de su escenario de lucha. Ella no podrá por lo tanto como brazo armado, lograr una victoria militar decisiva para un triunfo revolucionario. No podrá vencer nunca por si sola a un enemigo poderoso, empeñado en obtener batallas frontales, desfavorables para toda guerrilla.
De lo que se deduce que en nuestras sociedades agrarias latinoamericanas, (y aún en aquellas de escasos rasgos feudales), el destino de la Revolución se decidirá en el campo.
(La misma experiencia dominicana de 1965 demostró bien claro al respecto, las facilidades con que el imperialismo puede aplastar insurrecciones populares victoriosas en las ciudades, a través de sus intervenciones militares. Otro hubiera sido el desenlace de la situación, de haberse podido enfrentar la intervención militar norteamericana a través del método guerrillero).
(Capítulo III). Nuestra estratégia revolucionaria en la República Dominicana en 1967.
-Tomado del libro “La Tragédia de una Revolución Inconclusa” (Tomo I)-,
de Michel Smiely 666. (Presentado como Composición y Ensayo Político en la Universidad de Estocolmo, Suécia, en 1976).
Todas estas experiencias se reflejaron en aquel Coronel Caamaño militante de 1967-1973, (en esa época Nosotros estábamos profundamente convencidos de que la victoria revolucionaria en Vietnam, Laos y Cambodia era inevitable, y que Nosotros tampoco fracasaríamos en la República Dominicana):
En la opción por la aplicación de un a estrategia revolucionaria en la que La Guerrilla sería, el principal instrumento de lucha en nuestro país; el foco creador de la Revolución Dominicana.
Se planteaba ante Nosotros la necesidad de desarrollar una nueva lucha armada anti-imperialista en América Latina, en la que la responsabilidad de la tarea emprendida, y la realidad y el escenario de lucha nos demostraba, la necesidad de crear (y con mayor razón después de la muerte del Ché), una Guerrilla Rural
Autónoma, independiente, que reuniera las características y experiencias de las de nuestros camaradas asíaticos y africanos.
Contábamos para ello con la posibilidad de obtener, (y la obtuvimos), la ayuda internacional necesaria para esta tarea, (en la que descansaría entre otras cosas el entrenamiento de los hombres), y con el hombre adecuado para desarrollarla; el Coronel Caamaño.
No poníamos en duda la teoría marxista cuándo esta afirma que, las masas populares desempeñan el papel más importante, en la transformación de una sociedad de clases. Aceptábamos como una realidad incuestionable que, las masas son las que transforman con su lucha una sociedad de clases. Pero Nosotros no deseábamos transformar una sociedad de clases. Nosotros aspirábamos a DESTRUIR una sociedad de clases. A resolver con el Poder de las armas, los problemas que impónen una sociedad de clases.
Una transformación de la sociedad dominicana, sociedad de clases, -que es también una típica sociedad latinoamericana-, (en nuestro caso particular meta de politiqueros y revolucionarios traidores), presupone una lucha política tradicional; elecciones, fraudes electorales, conspiraciones palaciegas, golpes de estados, compromisos políticos, etc., etc., etc.
Una destrucción de la “sociedad dominicana” (y latinoamericana en general como sociedad de clases), exige una Revolución y para ello, una lucha armada victoriosa. Considerábamos que ya teníamos bastantes “elecciones libres”, fraudes electorales, golpes de estados, represiones y conspiraciones en la República Dominicana en particular, y en América Latina en general.
Sabíamos que teníamos a disposición a un pueblo explotado y hambriento que, había hartamente conocido, combatido y enfrentado al Imperialismo Norteamericano; a sus “elecciones libres”, a sus “democracias” e intervenciones. Y la existéncia de un Coronel Caamaño nos decía que, vivíamos horas apremiantes de necesidad de acción, no de politiquería... De Revolución, no de conspiraciones palaciegas. Horas de sacrificios, no de ambiciones y egoísmos personales.
Pero teníamos también en la palestra política dominicana, (y como igualmente ocurre en la palestra política latinoamericana en general); a politiqueros y a charlatanes que cohesionaban y utilizaban a grandes sectores populares. Teníamos a masas engañadas en nombre de un progreso social, por el que sus “líderes” no estaban nunca dispuestos a sacrificarses... A arriesgar vidas y patrimonios.
“Líderes” cuyas conspiraciones palaciegas habían llevado ya suficiente luto a la familia dominicana. Suficientes sufrimientos como para exigirnos a Nosotros y a los mejores hijos del Pueblo, el reconocimiento de que la hora de los hornos había llegado, y que la acción y el método de lucha apremiantes exigía capacidad, recursos y fuerzas que no estában al alcance de los politiqueros tradicionales, ni serían reconocidos nunca por los revolucionarios de ocasión y etapas pasajeras.
Es cierto que las masas son las que transforman con su lucha las sociedades caducas. Pero es también una verdad histórica que; las masas no actúan por sí solas. Que no piensan. Que sumidas en la explotación, la incultura y el hambre, viven en un mundo de egoísmos y decepciones. Carecen de la fuerza social que posee una masa compacta y unitaria, cosciente de derechos y deberes... Sabíamos que las masas populares son en nuestras sociedades –latinoamericanas- caducas; instrumentos de lucha de politiqueros traidores y de improvisados Mesías...
Es pues una verdad histórica ampliamente demostrada que, las masas populares son como un rebaño de corderos, incapaces de actuar por sí mismas, de organizarses e independizarses. Son una fuerza salvaje que sólo puede ser domesticada y encausada, por esas figuras colosales que son los personajes históricos, -caudillos y líderes-, hombres capaces de encausarlas, y de poner con ello en marcha las ruedas de la História, al incorporar a esas masas dispersas a un proceso social sin precedentes que, inevitablemente desemboca en un triunfo revolucionario. Y Nosotros teníamos al Coronel Caamaño...
No era necesario para Nosotros determinar públicamente la ideología política del Coronel Caamaño, para destacarnos en la palestra política dominicana. Resultaba innecesario hacerlo ante una realidad que, la desacreditada política norteamericana impone en todas partes. Era también de conocimiento público en nuestro país –la República Dominicana-, el cambio político del Coronel Caamaño, y que su nueva ideología (la intervención militar norteamericana de 1965 en Santo Domingo, fué lo que le creó a Caamaño conciencia revolucionaria):
Era una consecuencia directa del resultado de la acción, imposición e influencias de los Estados Unidos de América en la República Dominicana, cuyas funestas consecuencias es innecesario aquí explicar.
Podíamos quizás estar equivocados en nuestra ideología -marxista-leninista-. El Coronel Caamaño no era la excepción. Pero los hombres necesitan antes que todo para vivir; alimentación, vestimenta, trabajo, techo y educación. Necesitan seguridad. Para el historiador consciente en la necesidad reside la mecánica del cambio social. Para el desposeído; el móvil de lucha.
Y si en esa situación nos hicimos comunistas, fue porque aún pudiendo Nosotros estar equivocados, y no ser el marxismo una teoría perfecta, aún así, el “infierno rojo” (nos) ofrecía con sus brutalidades y errores transitorios; seguridad de vida y desarrollo para las grandes masas explotadas.
Y el Capitalismo con su belleza estética y libertades políticas, (generalmente existéntes sólo en el papel), ofrece realmente a esas mismas masas, (al Pueblo), el derecho a morirses de hambre; a las injusticias, a la desigualdad, a la explotación, a la miseria y al atraso social. Al enriquecimiento ilícito de las minorías sociales explotadoras en el Poder. A la corrupción, el robo, el crímen y al oprobio...
No se puede entonces moralmente criticar a hombres que tengan la conciencia y el valor, de luchar y morir por un totalitarismo “absurdo” que, a pesar de sus imperfecciones transitorias, garantiza a las masas populares, a los Pueblos Oprimidos, el derecho a la vida, al desarrollo, a la felicidad y al progreso social.
El Coronel Caamaño (Nosotros), no tenía necesidad de exponer públicamente su ideología política, ni de arriesgarse en la participación de conspiraciones palaciegas; a depender de “revolucionarios” y politiqueros traidores.
El Coronel Caamaño tenía antes que todo un deber que cumplir. Un llamado que seguir. Y al final a la História correspondería decir la última palabra y demostrar que, en el más adverso de los casos, ante cualquier derrota inesperada:
Nuestro fracaso revolucionario jamás condenaría la procedéncia del Método Guerrillero, como recurso de lucha política. Por el contrario, aportaría nuevas experiencias. Experiencias obtenidas en los combates que se ganan o se pierden, pero que se dan contra el Imperialismo.
Experiencias que señalarán una vez más a nuestros Pueblos Oprimidos, a nuevas generaciones de luchadores latinoamericanos, o sencillamente a revolucionarios con mejor suerte, el único camino posible para conquistar la liberación; el Camino de Caamaño y del Ché...
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