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El 666, (a la derecha, sentado y con boina), con tres compañeros, durante su lucha al lado del Presidente constitucional dominicano, Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, contra la intervención militar norteamericana de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
(Final del Capítulo IX) Nuestra reacción ante la última carta del Coronel Caamaño en 1972 y a través de "Chivú", a Nosotros en Europa.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666” )
-Tomado del libro “La Tragédia de una Revolución Inconclusa” (Tomo I)-,
de Michel Smiely 666. (Presentado como Composición y Ensayo Político en la Universidad de Estocolmo, Suécia, en 1976, -edicion especial revisada de 1979-).
Menos mal que el Coronel Caamaño tuvo por lo menos el valor y la conciencia de pedirle disculpas a Chivú. A la altura de las circunstancias era lo mínimo que podía hacer. Y Nosotros que conocíamos perfectamente al Coronel Caamaño, sabemos lo mucho que le costó hacerlo. Y lo consciente que estaba el Coronel Caamaño de la “puteada” que se merecía. Y el Coronel Caamaño que nos conocía tambien perfectamente lo sabía, y se anticipaba a las cosas al escribirle a Chivú; “Bueno viejo espero que no me eches muchas palabrotas de esa boca sucia.”...
Y en cuanto a mi; “el más jodón de todos sus primos por saber leer y escribir...”, (como afirmó en cierta ocasión uno de los hombres del Coronel Caamaño al referirse a mi persona), no fue tampoco casual que el Coronel Caamaño se recordara también de mí en esa carta. No fue casual porque el Coronel Caamaño conocía también, los indestructibles lazos que a el y a Chivú me unían desde la propia Revolución de Abril de 1965, en la que tan importante labor de seguridad personal yo realicé exitosa y secretamente desde la izquierda dominicana, a favor del Coronel Caamaño y por instrucciones del propio Coronel Caamaño.
Quizás recordaría también el Coronel Caamaño mi “Historia de un Asilo Político”, que tanta sorpresa y emoción le produjo conocer y leer en 1971 en Cuba. Porque en honor a la verdad, el Coronel Caamaño nunca esperó que yo me acogiera al Asilo Político en Suécia, y en momentos en que el era objeto de denigraciones y calumnias, yo que conocía los secretos y verdades amargas de nuestra lucha, lejos de venderme al imperialismo, -como otros ya lo habían hecho-, o de reprocharle duramente los errores cometidos:
Escribiera para las autoridades y gobierno sueco un libro de casi 100 páginas titulado, “Historia de un Asilo Político”, (ilustrado incluso con fotografías mías y del Coronel Caamaño, tomadas en la Revolución de Abril de 1965, y en 1967 en nuestro exilio en Europa), libro en el que explicaba que yo me acogía en 1970 al Asilo Politico en Suécia, dentro de los marcos de la dignidad y el honor, y como uno de los mejores lugartenientes y hombres de confianza del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deño...
Explicando yo en ese libro, porque el Coronel Caamaño era el máximo líder de nuestra Revolución, porque yo apoyaba su lucha, y subrayandole incluso una vez más al Coronel Caamaño en ese libro especial (que nunca se ha publicado ni lo será jamás), las medidas que el Coronel Caamaño debía tomar para garantizar su triunfo revolucionario y el éxito de nuestra lucha. Tansformándome esta inesperada, increíble y osada acción mía ante el Coronel Caamaño, en el “pajarito de Suécia”, como muy bien le señalaba el Coronel Caamaño a Chivú en su carta.
Quizás recordaría también el Coronel Caamaño, aquella “carta“ que yo le envié desde Suecia en 1971 y que textualmente decía:
“Coronel Caamaño.
CONVALIDACION POLITICA.
“A quien pueda interesar:
“Yo, Francisco Alberto Caamaño Deñó, reconozco que prescindí de la militancia del compañero Miguel Angel Sosa Vásquez, en una situación de confusión en que el agobio, los problemas y dificultades propias de una Revolución, me impidieron tomar una acertada medida que me permitiera a mi y a todos, contar con su valiosa ayuda y consagración al triunfo de nuestra Revolución.
“Por cuanto el compañero Miguel Angel Sosa Vásquez, en ningún momento perdió la fé ni mucho menos traicionó nuestra Revolución, exigiendo solo en aquellos difíciles dias, el derecho a empuñar el fusil y a participar a mi lado, en nuestra lucha liberadora...
“Por cuanto su actitud de acogerse a un Asilo Político en Suécia, dentro de los marcos del respeto, la dignidad y el honor, (en momentos en que la deserción y traición se manifestó en muchos), constituyó un excepcional ejemplo en las filas de nuestra Revolución...
“Reconozco al compañero Miguel Angel Sosa Vasquez, como justa compensación, su integridad revolucionaria, y certifico que su permanencia en Suécia, es parte de un díficil deber que tiene contraído con la Revolución Dominicana. Asi mismo exhorto a reconocer en el compañero Miguel Angel Sosa Vásquez, un digno e imitable ejemplo de conciencia, superación y militancia revolucionaria.
Coronel Francisco Alberto Caamaño Deño.”
Esta “Convalidación Política” que yo exigía al Coronel Caamaño enviarme y firmar, antes de yo viajar a Cuba a volver a reunirme con el en los campos de entrenamientos, fue calificada como una charlatanería y pedantería mía, por los compañeros encargados en hacérsela llegar. Algo absurdo que el Coronel Caamaño jamás podía reconocer o firmar. Carta sin embargo que, por la gravedad de la situación existente (en 1971), el
llegó a recibir.
Necesario es señalar al respecto que, los compañeros en cuestión, (el encargado del contacto y sus ayudantes, y el propio Coronel Caamaño que después supe que recibió mi carta), no comprendieron en su momento la moral revolucionaria sobre la que se erigía dicho gesto, (mi exigencia al Coronel Caamaño de reconocer y firmar semejante convalidación política). Acción que sintetizaba claramente que, la mejor cualidad que puede caracterizar a un hombre, es la moral, la integridad, la conciencia, el valor y el honor.
Pensando yo que difícilmente podría sobrevivir en Europa nuestra lucha revolucionaria, esa carta era lo único que aspiraba poder dejar a mis padres, como recuerdo y patrimonio de mi lucha, aparte de ser también una acción destinada a intentar doblegar moralmente, aquel primitivo orgullo que caracterizaba muchas veces al Coronel Caamaño. Aquella terquedad, irrascibilidad y temperamento volcánico que tantos problemas nos habían ocasionado.
Pero no, en los momentos de escribir a Chivú esa carta, el Coronel Caamaño no tenía tiempo para recordar tantas cosas, (innecesarias de señalar aquí), por eso intuitivamente el Coronel Caamaño recordaba, al manejar el teclado de la máquina con que escribió la carta, lo que entre los dos había sido más importante; aquellos inolvidables e históricos días en Londres de 1967, en que discutimos y aprobamos nuestros proyectos revolucionarios, y planificábamos un Revolución partiendo de la CALIDAD humana, no de la cantidad.
Esos fueron los momentos que el Coronel Caamaño de mí recordaba; aquellos días en Londres en que por mi vehemente defensa, a esos proyectos originales por el Coronel Caamaño ahora desechados, logré causarle tan favorable e inolvidable impresión, al demostrarle yo al Coronel Caamaño con “substancia gris” (con pura inteligencia); la necesidad de crear un organismo de lucha revolucionaria autónomo e independiente, capaz de garantizar nuestro triunfo revolucionario. Al demostrarle al Coronel Caamaño la importancia de su papel como figura histórica, y la de su seguridad personal, como premisas capaces de garantizar el éxito de nuestra lucha, independientemente de lo que al respecto Marx, Engels o Lenín hubieran llegado a escribir.
Fueron esos los momentos que de mi recordó el Coronel Caamaño, cuando al describir a Chivú aquellos planes de “miles de hombres”, lamentaba mas que nunca haber prescindido de Nosotros, la “vieja guardia”, con quiénes en última instancia sabía que podía contar incondicionalmente siempre, y arriesgarse a asaltar hasta el mismísimo infierno si fuera necesario, sin esos problemas de cobardía y traición sobre los cuales tan vehementemente le habíamos siempre alertado.
Y para sorpresa de aquellos que en 1971 consideraron que, mi exigéncia de convalidación política al Coronel Caamaño, era una charlatanería y pedantería sin límites, (y para el propio Caamaño, que en esa ocasión no quiso firmarla), ese mismo Caamaño se veia ahora, en la necesidad de reconocer publicamente en una carta ante el fiel Chivú, (el mejor de todos sus hombres), que yo valía:
Que Miguel Angel Sosa Vásquez, (“Michel Smiely”), valía. Que era inteligente, y que a el, al Coronel Caamaño, le gustaría tenerle entre sus hombres, al escribirle a Chivú:
“Si te ves con el pajarito de Suecia, me lo saludas a el también. Me gustaria tener en mis hombres un hombre de su inteligencia, pues cuando pasó los dias con nosotros en esa, me impresionó mucho”.
Y como el Coronel Caamaño al escribir esas líneas, lo hacía en una situación en la que prácticamente se encontraba ya en zafarrancho de combate... Aquella carta. Aquellas frases. Aquel gesto suyo... era para mí, para Chivú y para todos Nosotros, un bálsamo restaurador que ayudaba a cicatrizar, las heridas del pasado, y nos permitía de todo corazón, (con la sinceridad y lealtad de siempre), desearle suerte, en unos proyectos que si bien era cierto no merecían nuestra confianza, (por la naturaleza de su integración), Nosotros no podíamos ya hacer nada para impedir su realización, ante la decisión de materializarlos que el Coronel Caamaño ya había tomado.
Esto nos obligaba a respetar las decisiones del Coronel Caamaño, y a desearle de todo corazón la mejor suerte del mundo. No le otorgábamos nuestro apoyo, nuestra aprobación, nuestra confianza, en lo que a la viabilidad de semejantes proyectos se refiere, pero hacíamos lo único que realmente podíamos hacer; desearle suerte y advertirle que en nuestra opinión proyectos de esa naturaleza, estában condenados al fracaso, por depender para su éxito de las promesas, ofertas de lucha y cumplimientos, de “revolucionarios”, “marxistas-leninistas” y de politiqueros dominicanos; cobardes y traidores...
Aprovechándose también la ocasión, para desahogar la impotencia y la furia de tantos años, en la “pela de lengua” que Chivú le envió a Caamaño, y que el propio Coronel Caamaño estaba consciente de que merecía; se le recordaron verdades amargas. Se le señaló quer era un verdadero "hijo de puta", por recordarse solo de Nosotros, cuando habia que jugarse el pellejo y necesitaba hombres con los “cojones blindados”... Se le mandó a la “mierda” y mil cosas más, a través de las cuales el Coronel Caamaño comprendería, (porque otros le llevaron después también -por medidas de seguridad-, nuestro mensaje de lucha antes de su regreso a la dominicana), que Nosotros continuábamos siendos los mismos, y que a pesar de haber sido el, un “verdadero cabrón” con Nosotros, él, (Caamaño), continuaba siendo nuestro “pajarraco”...
Para los otros; los afortunados que tuvieron -incluso sin apreciarlo-, la oportunidad de compartir en Cuba, los momentos de mayor superación revolucionaria del Coronel Caamaño, el mismo era el compañero “Roman”, pero para Nosotros, que compartimos los momentos más amargos, difíciles y gloriosos del Coronel Caamaño, durante la Revolución Constitucionalista del 24 de Abril de 1965 en Santo Domingo, durante la lucha armada contra la inervención militar norteamericana en la República Dominicana (1965) y durante su propio exilio en Europa, el Coronel Caamaño era y seguía siendo siempre sencillamente; nuestro “pajarraco”...
No podía ser de otro modo en hombres que como Nosotros, conocíamos tan bien al Coronel Caamaño, y nos esforzamos en desempeñar en su vida el importantísimo papel de estar entre sus mejores hombres, y de ser posible, de triunfar o morir siempre a su lado por la realización de la Revolución Dominicana, metas que si bien es cierto que no llegamos del todo a cumplir, no fue nunca culpa nuestra el no poder hacerlo, sino el inconsecuente producto de:
Una adversidad sin precedentes que, en malicia y cuerpo de mujer, y en la trágica figura de Vicenta Velez Catrain, cambió con sus ilimitadas ambiciones y egoísmos personales, el destino del Coronel Caamaño, al alejar del lado de Caamaño, a todos aquellos que -como Nosotros-, éramos sus mejores hombres y como tal, nos oponíamos a sus fatales relaciones sentimentales con el Coronel Caamaño; imperdonable y grave error que cometió Vicenta Velez Catrain, en contra de la seguridad personal y de los mejores intereses del propio Coronel Caamaño, y a pesar incluso de haber llegado a ser esta en Cuba, la esposa del Coronel Caamaño, cambiando lamentablemente con ello:
El destino brillante anunciado por las estrellas a un hombre como el Coronel Caamaño que, al parecer; estaba destinado a pertenecer una vez más a la gloria, en indiscutible triunfo revolucionario, y no en el martirilogio de un héroe más, de La Tragédia de una Revolución Inconclusa...
Gran Sorpresa ocasionó conocer en en Santo Domingo que la viuda del Coronel Caamaño, no era Maria Paula Acevedo de Caamaño (“Chichita”), sino, Vicenta Velez Catrain (“Violeta Caamaño”). Para quiénes conocían de cerca al Coronel Caamaño esto era sencillamente inconcevible. Un verdadero acontecimiento que la propia Vicenta Vélez tampoco pudo explicar.
Desprendiéndose al leerse entre líneas, sus declaraciones hechas en Cuba para la prensa dominicana, (y publicadas respectivamente el 13 y 14 de Diciembre de 1973), los rasgos que caracterizan su personalidad y que ella, Vicenta Vélez Catrain, continúa siendo la misma y nunca pudo asimilar, el progreso y los cambios que en una persona diferente, el ambiente revolucionario cubano necesariamente hubiera producido.
El 666 / Proyecto 666
666
El 666 presenta al mundo su histórico libro: La Tragédia de una Revolución Inconclusa
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La edición Especial 060606 del Proyecto 666