(Capítulo XXI) Declaraciones de Vicenta Velez Catrain sobre el fracaso y la muerte del Coronel Caamaño, y evaluación y análisis de esas declaraciones 1 (2)
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
El 666, durante su lucha al lado del Presidente constitucional dominicano, Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, contra la intervención militar norteamericana de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
-Tomado del libro “La Tragédia de una Revolución Inconclusa” (Tomo I)-,
de Michel Smiely 666. (Presentado como Composición y Ensayo Político en la Universidad de Estocolmo, Suécia, en 1976, -edicion especial revisada de 1979-).
116 (Capítulo XXI). Declaraciones de Vicenta Velez Catrain sobre el fracaso y la muerte del Coronel Caamaño, y evaluación y análisis de esas declaraciones. 1 (2)
Cuatro años más tarde (en España 1977), Vicenta Vélez Catrain señalaba al referirse a las causas del fracaso y la muerte del Coronel Camaño en Febrero de 1973...
“Uno de nuestros mayores problemas habia sido el conseguir unos preciosos mapas topográficos que, sin embargo por ese retraso, (se refiere a que los mapas en cuestión lo consiguieron con un retraso de varios años, -la aclaración es mía-...), ya no se ajustaban totalmente a la realidad en el momento del desembarco.
“Existían nuevas carreteras que no figuraban en esos mapas; nuevos poblados alzados en puntos por los que habia previsto pasar. Por el contrario, Caamaño contaba con ciertos aserraderos, que no encontró en su marcha, porque el bosque había sido talado y tales instalaciones clausuradas; extremo este muy grave a la hora de procurarse discretamente la comida. Todas estas eran cosas vitales en aquellos momentos...”
Señalando como otro factor adverso en el desarrollo de los acontecimientos de Febrero...
“También contó e hecho de ser reconocido, en uno de esos poblados a los que le llevó la obligada modificación de la ruta, por una anciana, en momentos en los que, desde el punto de vista guerrillero, era muy peligroso ser localizado.
“La existencia de los helicópteros ha hecho de esto un extremo importante. Antes, la localización significaba que una serie de tropas salía de los cuarteles y se dirigía hacia la región montañosa correspondiente; ahora los helicópteros permiten trasladar en pocas horas a los soldados, a los lugares precisos y tender emboscadas a cualquier guerrilla...
“Una vez localizados, Caamaño y sus hombres consiguieron burlar momentáneamente al Ejército, pero una mala información les hizo suponer que un compañero había sido herido en una emboscada. Fue entonces cuando mandó a un grupo para que distrajera al Ejército en un determinado punto, mientras el se desplazaba con los restantes hasta donde se suponía que estaba el compañero herido. Pero esto no era cierto y fue de nuevo localizado... Todo estaba por tanto perdido...”.
Explicando Vicenta Velez Catrain en cuanto a la muerte del Coronel Caamaño...
“Tenían que atravesar una carretera y como ya se sabían localizados, dispararon contra un camión, creyendo que era el vehículo donde iba la tropa, pero en realidad era un vehículo de reconocimiento. Asi es que al oir los disparos, la tropa los cercó.
“Empieza ya la lluvia de granadas y de tiros sobre el espacio donde estaban acampados. Caamaño da entones a su gente la orden de desplazarse a un lugar mas alto; asi lo hacen y él, que tiene la ametralladora de mayor poder de fuego, se queda atrás para hacer contención. Decisión que no es logica, pero que conociéndole a el, se explica perfectamente. Solo el tenia una R15. En la operación, enormemente complicada por cuanto ni rastreando estaba cubierto, cae el segundo del grupo. Era Eugenio, (se refiere a Heberto Lalane Jose, la aclaración es mia), un hombre con todas las condiciones de Caamaño...”
“Al caer Eugenio herido mortalmente, fue como si Caamaño dejara de razonar.
El lugar estab batido por las balas, pero Caamaño permanecía increíblemente de pié, al lado del herido. Ahí entra ya el
hombre de sentimientos, porque la orden era de que quien cayera herido se quedaba y todos eran conscientes de ello.
"Asi
es que todos creían que Roman estaba en el lugar donde les habia dicho que se dirigieran, mientras el permanecía junto a
Eugenio. Allí recibe el primer balazo, que le hace rodar por la pendiente. Al pié de la misma lo cogen herido.
“Los compañeros sobrevivientes que lo están buscando, -además de Eugenio ha caido otro-, lo oyen gritar dentro de un “jeep” preguntando donde lo llevan. Lo conducen a un lugar cercano y alli se reunen los jefes Perez y Perez, Ramiro Matos, Emilio Jimenez... Creo que ninguno de ellos se hubiera atrevido a matarlo sin la orden de Balaguer, que a su vez, debio de consultar a los americanos.
Cadáver del Coronel Caamaño. (16 de Febrero del año 1973)
Como se puede ver en esta fotografía del cadáver del Coronel Caamaño:
El mismo fué asesinado -entre otras cosas- incluso, con un tiro de gracia en la cabeza.
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“Se dice que se produjo una discusión, y que Román golpeó al General Pérez y Pérez. Allí, en presencia de todos, lo mataron. Era un lugar llamado Nizaito, entre San José de Ocoa y Constanza. Después de matarlo, uno de los generales le dio el tiro de gracia y en seguida lo patearon. En las fotos, su cuerpo aparece con la boca rota”. (Declaraciones hechas por Vicenta Vélez Catrain para la revista española “Triunfo”, y publicadas en Enero de 1977 en las páginas 24 a 27 del número 730 de esa revista, -la reproducción ha sido hecha con autorización de la revista).
Al analizar estas declaraciones de Vicenta Velez Catrain, saltan a la vista los graves errores del Coronel Caamaño en su lucha guerrillera al respecto...
Vemos como en esa guerrilla se menoscaban e irrespetan los principios de seguridad y de luchas, establecidos antes de comenzar la accion, (deternerses a buscar y a recoger los heridos por ejemplo, en una situación en que no estaban en condiciones de hacerlo...).
Y lo no menos importante; vemos como Caamaño es el primero en burlar esos principios de seguridad, y en tomar riesgos innecesarios exponiendo toda la suerte de su movimiento revolucionario, por intentar rescartar a un compañero “herido”, -por no decir moribundo y prácticamente inutilizado y muerto-, en una guerrilla cuya función fundamental no es combatir, sino organizar y dirigir la lucha de un movimiento de liberación nacional, y que a pesar de la importancia de su misión, está solo integrada por ocho hombres, y en esa situación de batalla sólo por siete hombres, porque como ya sabemos uno, Toribio Peña Jacquez se había extraviado y desaparecido ya de la guerrilla, refugiándose en la capital dominicana, en el momento mismo del desembarco...
¡Que irresponsabilidad!... ¡Que falta de conciencia sobre la importancia de la tarea a realizar!, ¡Sobre las necesidades inmediatas de la lucha que ellos mismos intentan de materializar!... Tenemos aquí entonces, una indisciplina improcedente y absurda que encierra peligros de destrucción y muerte para esa guerrilla y dirección principal y central que, ningun movimiento revolucionario en el inicio mismo de una lucha armada, se puede nunca permitir el lujo de correr.
Vemos como al iniciarse el combate, el Coronel Caamaño, que posee el arma de mayor volumen de fuego, se queda atrás para contener al enemigo. Una decisión que como reconoce Vicenta Velez Catrain, no es lógica, pero una necesidad del momento, si se considera no solo el escaso número de hombres que integran la guerrilla, sino que Caamaño ocupa en ella la posición de combatiente, con la agravante incluso de ser también el que posee el arma de fuego más poderosa...
Gran error, aparte de que la calidad del armamento debio de haber sido igual y ajustado al “estándard” –nivel-, del ejército dominicano, ya que para armas ultramodernas no existen municiones en nuestro país, y la guerrilla tiene que nutrirse al respecto de las armas del enemigo. Situación que obliga al Coronel Caamaño a tomar tan improcedente e inconsecuente posición de combate, y a arriesgarse innecesariamente en emboscadas y escaramuzas contra el enemigo.
Las causas de esta militarmente errada decisión del Coronel Caamaño al respecto residió también, (y como lo señala Vicenta Velez Catrain), en ese desdén al peligro que tanto caracterizaba a Caamaño. Lo verdaderamente antilógico y trágico de la situacion es sin embargo que, si los integrantes de esa guerrilla conocían tan bien a Caamaño, no tomaran al planificar la acción revolucionaria de Febrero de 1973; las medidas de seguridad necesarias para enfrentar, (como muy bien he señalado ya en capítulos anteriores), las situaciones y peligros que este “conocido” carácter del Coronel Caamaño, podia “inevitablemente” ocasionar en el transcurso de la lucha armada.
Por el contrario, nuestros “cerebros” y héroes guerrilleros alimentaron más la audacia de ese carácter, al permitirle a Caamaño tener el arma más poderosa en esa guerrilla, de no tenerla, no se hubiera arriesgado tanto, ni hubiera ocupado nunca esa posicion de combate ante el enemigo. Tenemos aquí entonces, un inconcevible e imperdonable error de planificación que, desde antes de los comienzos mismos de la lucha armada, proyectaba ya sus peligros de muerte sobre la expedición.
Al iniciarse el combate, (un combate mal escogido y que impuso incluso a la guerrilla un error propio de apreciación), cae “mortalmente herido Eugenio” (Heberto Lalane Jose), lo que constituye para Caamaño un golpe psicológico demoledor. (“Fue como si Caamaño dejara de razonar”...), –señala Vicenta Velez Catrain-. Golpe que le paraliza, y no le permite tomar la acertada decisión de retirarse a tiempo.
Esta actitud de Caamaño se atribuye a los inconmensurables lazos de afectos y admiración que el tiene hacia “Eugenio”. Pero esos sentimientos no justifican en semejante situación, la improcedente y errada conducta de Caamaño, este o no esté realmente herido de muerte “Eugenio”, lo que solo el propio Caamaño pudo
después haber comprobado.
No justifican nunca la procedencia de tal conducta, porque el Coronel Caamaño conocía el tipo de lucha a desarrollar; sus peligros y sus riesgos. Y la gran importancia de su papel como líder en el proceso revolucionario. Aparte de no ser esta la primera vez que el Coronel Caamaño perdía a unos de sus mejores hombres. Esta conducta de Caamaño no se puede entonces explicar, acudiendo al sentimentalismo y a la solidaridad existentes entre todo combatiente revolucionario, (cosas que en el mejor de los casos desempeñarian solo un secundario papel).
No se puede explicar, acudiendo tambien al hecho de que el Coronel Caamaño era un hombre de sentimientos, por la soberana verdad de que Caamaño era ante todo un soldado, y como tal, un hombre preparado para matar y morir.
Esta conducta del Coronel Caamaño hay que buscarla entonces en el hecho, (y yo que conocía personalmente muy bien a Caamaño me inclino así a creerlo), de haberse quedado combatiendo solo al lado de “Eugenio”. Porque si hubiera tenido mas hombres a su alrrededor, la necesidad de dirigir la accion de defensa, de romper el cerco, de combatir, de atacar, le hubiera sacado de ese “inexplicable” letargo que le producía la muerte de Eugenio...
Y que no decir si estando “Eugenio” herido o realmente muerto, algun otro combatiente de Caamaño, consciente de la gravedad de la situación, “le da un tiro de gracia” a “Eugenio”, y demuestra con su ejemplo de lucha, la conducta a mantener en esa situacipn. Aparte de que un adecuado cuerpo especial de guardaespaldas del Coronel Caamaño dentro de esa misma guerrilla, hubiera sido tambien suficiente para someter por la fuerza al raciocinio y al orden a Caamaño, y como muy bien ya he señalado en capítulos anteriores.
Yo creo que esto hubiera sido así, porque es propio de jefes de tropas al encontrarses solos en el campo de batalla, esa ofuscasión y parálisis transitoria que produce la necesidad de dar órdenes, y de no tener a nadie que las cumpla o las pueda cumplir a su alrrededor, ocupando entonces este automáticamente, la posición de comandante y de soldado, de mando superior y combatiente.
De tener el Coronel Caamaño en esa trágica y difícil situacion de combate, diez o quince hombres a su alrrededor, la orden más desafortunada de Caamaño hubera sido, rescatar a “Eugenio”, consagrándose después Caamaño en la lucha misma, a cumplir las necesidades y rigores que imponen la dirección de todo conflicto armado.
Pero al no tener a nadie a su alrrededor para hacerlo, (para que cumpliera sus órdenes, intuiciones y deseos), el Coronel Caamaño se impuso automáticamente y por reflejo de acción, las funciones de comandante y de soldado, de jefe de tropa y combatiente, permaneciendo entonces “increiblemente” –de pié-, al lado de “Eugenio”, -recordemos que toda lógica tiene tambien su contralógica.
Esta conducta del Coronel Caamaño, es incomprensible e ilógica para quienes no han participado ni dirigdo nunca un combate, pero Nosotros que hemos luchado y sabemos también en carne propia lo que es arriesgar verdaderamente el pellejo en la participación y dirección de un combate, comprendemos y sabemos que es normal y propia para un hombre de uniforme y con rangos de comandante, sumido en su medio de lucha (la guerra). Forma sencillamente parte de los factores inesperados y adversos que se présentan en toda lucha armada. El Coronel Caamaño no fue ni pudo haber sido nunca la excepción al respecto...
Por lo demás, las afirmaciones de Vicenta Velez Catrain de que fue también un factor negativo para Caamaño, haber sido reconocido al pasar por unos de los pueblos que impuso el cambio de ruta, (al no encontrar los aserraderos en cuestion, etc.), en una situación tan importante y dificil para la guerrilla, son incorrectas.