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(Parte 2 de 2)
666
El féretro del fallecido y cinco veces presidente dominicano,
Dr. Joaquín Balaguer, es sacado del Palacio Nacional de gobierno para su entierro,
el 18 de Julio del 2002, en Santo Domingo, República Dominicana.
EL PODER DEL DOLAR -Cuento político de El 666-.
(Parte 2 de 2)
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
EL PODER DEL DÓLAR
-Autor Michel Smiely “666”-
(Cuento político-satírico de El 666 describiendo en 1972 y desde su exilio en Suécia, al en esa época un típico dictador latinoamericano; el Dr. Joaquín Balaguer).
(Publicado en esta página web, a petición del ánima del Dr. Joaquín Balaguer a El 666).
Walt Street estaba desierta y sombría cuando Mr. Richard Johnson salía presuroso, después de un agitado día en el mundo de los negocios. Los Estados Unidos ya no le ofrecían seguridad, a sus proyectos y capitales. El mercado interno estaba ya repartido. No había a más nadie que explotar, hasta el colmo de que el problema era ya, defender los privilegios obtenidos a través de largos años de explotación y oprobio.
Así había analizado él a sus colegas, la situación que le obligaba a obtener en otras tierras, lo que no ofrecía ya la suya. Y mientras su chófer lo conducía a su casa a la velocidad que caracteriza a todo millonario, -empeñado siempre en prolongar la vida-, Mr. Johnson leía y releía, el ejemplar de “The New York Times” que con tanta delicadeza acariciaban sus manos. Observando con detenimiento la foto del “Señor Presidente”, cuyo mensaje a la Banca Internacional y como buen hombre de negocios, él había leído, preguntándose si podía confiar en aquel hombre que, desde un país llamado República Dominicana, ofrecía garantías a inversionistas y capitales.
En realidad Mr. Johnson, después del triunfo de la Revolución Cubana, que le ocasionó una úlcera estomacal incurable y un infarto cardíaco que casi pone fin a sus días, no creyó posible que pudiera existir hoy día un país estable en el mundo capitalista, que garantizara sus humildes ambiciones de ganarse con sus dólares el cien por ciento, y continuar con ello figureando en la Banca de Wall Street.
El mundo comenzaba a cambiar y ya no era gran cosa ser millonario porque, hasta los negros de Harlem habían perdido el miedo y desconocían a bocas llenas, el Poder del Dólar, atreviéndoses incluso a llegar tan lejos como, a no ceder la acera a cualquier dama de la alta sociedad empeñada en realizar labores benéficas. Por el contrario, les hacían proposiciones deshonestas atreviéndoses incluso a poner precio, a lo que consideraban un favor. Ya no eran sus mujeres, -las de la clase social de Mr. Johnson-, quiénes rechazaban a los negros; ya eran los negros los que rechazaban a sus mujeres, al poner “insolentemente” un precio que, en opinión de Mr. Johnson, no valían todos los negros de Africa juntos, con Tarzán y Jane incluídos como rebaja.
Sin lugar a dudas los Estados Unidos habían cambiado, hasta el extremo de que el problema del capital no era ya invertir..., ¡era nada menos que sobrevivir!... Los negros, los hippies, los comunistas, los desertores de Vietnam, los blancos pobres constituídos en nuevos negros, los extranjeros nacionalizados, habían envenenado la atmósfera de Wall Sreet.
La época del Rock and Roll se había acabado. Hoy había que emigrar y probar fortuna en otras tierras tal y cómo lo habían hecho los abuelos ingleses, o someterse a las devaluaciones del mercado interno y aceptar los riesgos a quedarse solo, con el color de la piel, lo que de por sí no valía nada y conllevaba a formar parte de esa gran masa de blancos que, por no tener nada, constituyen hoy en los Estados Unidos de América, los nuevos negros y éste era un riesgo que, Mr. Johnson, no podía darse el lujo de correr.
Así había llegado a Santo Domingo Mr. Johnson, cargado de dólares par prestar al cien por ciento y con deseos de establecer, contactos de “beneficios mutuos” con la República Dominicana del “Señor Presidente”. Y en honor a la verdad, reconocía Mr. Johnson, la tierra que más amó Colón era un verdadero paraíso.
Y en cuanto al “Señor Presidente” era, la Octaba Maravilla del Mundo. Un hombre de ABSOLUTA confianza. Tan identificado con los intereses de Wall Street que las negociaciones, se hicieron en inglés y los contratos se firmaron, en cuestión o cosas de unos minutos, sin oposición, congreso o leyes que pudieran oponerses, a los contratos del dólar al cien por ciento.
Esto hacía sentir avergonzado a Mr. Johnson por haber dudado, de la seguridad y garantías que ofrecía el “Señor Presidente”, en su mensaje al mundo de los negocios publicado en “The New York Times”. Pero aquella había sido una duda perdonable, propia solo de un hombre de negocios, por eso hasta tuvo la franqueza de exponérsela cómo broma al “Señor Presidente” que, con sonrisa culta y un cálido apretón de manos, disipó sus temores, señalándole después con firmeza espartana y en cordial camaradería:
“Cómo se le ocurre a usted creer en las posiblidades de otra Cuba colega Johnson?”..., “!Ese mal ejemplo no volverá nunca más a repetirse!, ¡disipe sus temores!, ¡invierta!, ¡invierta todo lo que quiera con nosotros que le recibimos, con los brazos abiertos!”... –concluyendo después-; “!Y si algún día le asalta la duda, recuerde que mis colegas no vacilaron en solicitar la intervención militar norteamericana, cuando en un momento efímero de nuestra história no pudimos mantener, las garantías dadas al imperio, y eso estamos en condiciones de hacerlo, tantas veces cómo sea necesario!”...
Publicando después los periódicos nativos, sensacionales noticias sobre el impetuoso desarrollo económico de la República Dominicana del “Señor Presidente” que, con sus planes energéticos favorecía una vez más la industrialización del país, garantizando el funcionamiento de las nuevas fábricas instaladas por Mr. Johnson:
Las sucursales de Coca-Cola y de Chicle destinadas a alegrar, la vida de las masas del país del “Señor Presidente”, establecidas bajo contratos de dólares al cien por ciento, y con la novedad de tener incluídos, el derecho a la intervención (militar norteamericana). El “Señor Presidente”, -explicaba después Mr. Johnson a sus colegas de Wall Street-; “!ES UN SEÑOR PRESIDENTE!”... Continuando así la venta de un país subdesarrollado bajo el nombre de “progreso social”, estableciéndoses nuevos contratos y contactos de “beneficios mutuos” cargados de dólares al cien por ciento que, estarán en vigencia hasta un día, un día cualquiera en la história de nuestro pueblo.
UN DIA CUALQUIERA
Y aquel día, un día cualquiera, en que el sol filtraba sus rayos con incandescencia restauradora. Y los árboles eran pródigos con un oxígeno al cien por ciento, y los pájaros alegraban nuestros campos con melodías que conocieron nuestros abuelos. Y las aguas corrían cristalinas por los senderos recorridos por el inmortal guerrillero. Y el Mar Caribe parecía gritar una vez más enaltecido, que apoyaba la justa lucha de nuestro pueblo oprimido; con su color azulado, con sus olas tormentosas estrelladas en arrecifies coralinos, y con sus gaviotas mensajeras que parecían localizar secretos de piratas.
Aquel día, un día cualquiera, bajo un cielo que competía en pulcritud con tumbas de cementerios cargados de leyendas y de mártires. Aquel día, un día cualquiera en que nuestro pueblo respiraba vida, por los poros de sus miserias e injusticias sociales. Aquel día, un día cualquiera, en que nuestras mujeres perpetuaban con nuevos hijos el destino de nuestra raza latinoamericana.
Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que solo podía ver desde su lecho de muerte, una obscuridad estremecedora anunciada por el graznido de los cuervos y por el correr de las ratas.
Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que, al intentar recordar aquellas aguas de nuestros mares y nuestros ríos que acariciaron un día, cuando él era inocente su agotado cuerpo, proporcionándole energías restauradoras; las veía estremecidas por huracanes y torbellinos desvastadores.
Aquel día, un día cualquiera, anunciaba el final de un hombre que, al recordar nuestros campos y montañas verdes, hermosos y fecundos, los veía llenos de cruces y de cementerios sin nombres de defensores del pueblo asesinados. Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que, al elevar su mirada al cielo, lo veía cargado de tempestades y presagios que amenazaban con desatarse, con una fuerza equivalente a la explosión de diez mil soles.
Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que veía desconsolado, destruído e impotente, la apocalípsis de su imperio. De un imperio forjado con la explotación y opresión de un pueblo, al que él creyó poder siempre tener bajo su yugo de sangre. Aquel día, un día cualquiera, ocultaba detrás de su belleza, detrás de su inocencia y energías restauradoras, la llegada del final de un hombre que, consagrado a oprimir a su pueblo y glorificado por esbirros y servidores, había llegado a olvidar hasta su propia mortalidad y que al final sería víctima también de lo inevitable; ¡La Muerte!.
Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que sentía en su lecho de muerte, -lenta y dolorosamente-, cómo se le escapa aquello que durante tantas noches de terror, robó a los mejores hijos del pueblo; ¡la vida!. Recordando entonces el rostro desgarrador de madres que lloraban a sus hijos, y de mujeres hermosas marchitadas por la pérdida del ser amado.
Aquel día, un día cualquiera, marcaba el final de un hombre que recordaba en su lecho de muerte, la dignidad y el valor con que cayeron las víctimas de su imperio, viendo surgir de aquel cúmulo de cementerios y (de) montañas sembradas de cadáveres y de cruces, un tormentoso y profundo río de sangre que le ahogaba:
¡Era el “Señor Presidente” que agonizaba, bajo el más riguroso secreto de estado!.
A su alrrededor tenía el “Señor Presidente”, a los mejores sabios y galenos del Coloso del Norte. A curanderos y brujos empeñados en evitar la decadencia de un imperio. A su alrrededor tenía el tirano, al emisario especial del Vaticano; el Confesor Privado de su Santidad que, informaba que su Santidad ayunaba en Roma, para que el Todopoderoso evitara a un pueblo fiel y devoto, la tragédia de perder a su benefactor y caudillo amado.
A su allrededor tenía el tirano,a sus mejores lugartenientes, algunos de los cuales acababan de lavarses las manos, de la última sangre derramada.
Y detrás de aquellas congojas y reverencias póstumas de que era objeto. Detrás de aquellos inútiles intentos de evitar lo inevitable; bajo promesas de más iglésias. De menos piedad para los ateos. De más devoción al cristianismo y a la democracia. De más represión para las grandes masas. De mayor defensa a la propiedad privada, que despertaba a un capitalismo decadente, la necesidad y el interés de prolongar la vida a un servidor que necesitaba:
El “Señor Presidente”, corrupto y cruel que conservaba aún su astucia, se sentía rodeado de buitres y de hienas prestos a repartirses el imperio.
Por otra parte, las noticias comenzaban a llegar al lecho del “Señor Presidente”; su Santidad en Roma se había desmayado mientras hacía su ejemplar ayuno para implorar al Todopoderoso, la piedad del Reino de los Cielos.
Los científicos y genios del Coloso del Norte, -con sus corazones, pulmones y demás órganos artificiales-, se declaraban impotentes para prolongar una vida que, de acuerdo a las leyes naturales llegaba a su fin.
El capital privado –nacional e internacional-, comenzaba a sacar sus riquezas del país, rematando las fábricas, tierras y empresas que no se podían llevar a los bancos de Wall Street, entre los que creían saber más que el lápiz y poder mantener el imperio.
Las Fuerzas Armadas habían sidos acuarteladas, preparándose el nuevo gobierno a declarar el Estado de Sitio y garantizar así, la solemnidad del luto oficial que la Prensa Amarilla se preparaba a destacar.
Y de repente ocurrió el milagro. Y lo que parecía ser el último suspiro, se transformó en radical mejoría, para sorpresa de los científicos y galenos del Norte, admirados ante aquel deseo de vivir y poco corriente amor a la vida.
Y el Confesor Privado de su Santidad, que había sido enviado especialmente desde Roma, para darle la absolución del Vaticano y garantizar así al “Señor Presidente” el Reino de los Cielos, no pudo contener su regocijo al guardar la extremaución exclamando con salomónica sabiduría; “!Alabado sea el Señor que ha demostrado así tenerle abierto, el Reino de los Cielos!”.
Y el “Señor Presidente”; que no quería perder tiempo en demostrar una vez más su hidalgía en los asuntos del Estado, se consagró de nuevo a sus deberes “patrióticos” bendecido por la Providencia:
Autorizando nuevos contratos de dólares al cien por ciento. Nuevas ventas de las riquezas nacionales. Nuevas represiones para las grandes masas populares que se negaban a renunciar a sus derechos. Y nuevas órdenes de asesinatos destinados a “consolidar” el Imperio.
Se anunciaba entonces una gran fiesta en el Palacio Nacional, hacia dónde los buitres, los chacales y las hienas se aprestaban a asistir, después de guardar sus cuchillos ensangrentados con las últimas vidas robadas al pueblo en nombre de la democracia, haciendo coro a los generales sin pueblo que:
Se apresuraban también a pulir sus condecoraciones y medallas ganadas, en “grandes batallas” por la “democrácia”; en ametrallamientos a manifestaciones estudiantiles dónde las balas se enfrentaban con los libros. En masacres a obreros desarmados y a campesinos indefensos. Y en asesinatos a sangre fría, de los mejores hijos del pueblo.
Pero entonces ocurió lo inesperado; el “Señor Presidente” había recaído, después de haber recibido la Santa Hostia y de haberse lavado las manos –como ejemplar Pilatos de la Democracia-, con Agua Bendita –traída del Vaticano y pertenecientes a las reservas del nuevo Pedro-, para asistir a los solemnes agasajos preparados en su nombre.
De nuevo la cola de vampiros al lecho de muerte del “Señor Presidente”, en el que los galenos y científicos del Coloso del Norte, se apresuraban a quitar el smoquing blanco que su “Alteza Serenísima”, -intentando obtener una pureza que jamás había tenido-, se había puesto para asistir al Palacio.
Y esta vez “todos “ comprendieron que no se podía detener lo inevitable.
Que por encima de los ruegos, deseos y poderes del Papa de Roma, del Coloso del Norte, del Dólar y de tantas otras cosas que ayudan a sostener al “Señor Presidente”:
La naturaleza cobraría su precio, en una agonía demoníaca que “robaba” la vida al “Señor Presidente” que veía, en el delirio de su enfermedad incurable, -“vejez galopante” y “anticomunismo alucinante”-, cómo el pueblo en armas –de ahí sus sufrimientos-, conquistaba su liberación y consumaba (su) justícia a tantos años de oprobio.
Y cómo aquellas suntuosas obras y amplias avenidas –eregidas por el “Señor Presidente” para darle fachada a su “Democrácia Representativa- y que, siendo dominicanas llevaban nombres extranjeros:
Se restauraban con mayor hermosura al recibir el nombre de héroes nacionales vivos siempre en el corazón, la conciencia y el recuerdo del pueblo; las Hermanas Mirabal, Manuel Aurelio Tavárez Justo, Amaury Germán, Juan Miguel Román, Jiménez Moya, Francisco Alberto Caamaño Deñó y tantos otros titanes, paridos por nuestro pueblo en el transcurso de su justa lucha.
Pero no todos se negaban a reconocer el inevitable ocaso del “Señor Presidente”, y así, cuando ni siquiera el injerto y el trasplante de órganos artificiales, -corazón, pulmones, estómago, riñones, etc.-, podía prolongar más la vida del “Señor Presidente”:
La CIA Norteamericana apareció anunciando la aplicación del último recurso que tenía el imperio; una figura nueva e inesperada, carta “Top Secret” del Pentágono USA que, había prometido al “United States Departament”, resolver exitósamente la situación dominicana.
Muchos creían que era “Supermán”, “As Solar”, “Rip Kirby”, “El Llanero Solitario”, “Los Halcones Negros”, el “Fantasma” o uno de esos tantos famosos héroes –anticomunistas- norteamericanos el que había llegado:
Filtrándose la noticia de que la Walt Disney Company había consultado al “Pato Donald”, para ver si este podía prestar sus servicios a la “democracia” norteamericana y ayudaba a salvar la vida del “Señor Presidente”, pero:
Después de valorizar el “Pato Donald“ la correlación de fuerzas políticas norteamericanas, el escándalo del Watergate y de la inmiscusión de la CIA, contra los países y gobiernos del Tercer Mundo, el “Pato Donald” se negó a cooperar declarándose neutral.
Por temor a perder la simpatía y entradas económicas que le brindaba el pueblo norteamericano, y la catástrofe que podía significar para el, un boicot económico del público extranjero, que podría incluso hasta quitarle su puesto de honor en la Walt Disney Company.
Y cómo no había ya a más nadie a quién acudir en los Estados Unidos, para salvar la “Dominican Republic” del “Señor Presidente”, todos tuvieron que esperar nerviosos e incrédulos el nuevo “super-hombre” que enviaban los USAS para intentar evitar lo inevitable.
Señalando algunos que era “Tarzán” el que llegaba a Santo Domingo, a lo que el representante de la CIA aclaró con la sinceridad que caracteriza a los norteamericanos que, “Tarzán” no podía venir a ayudar al “Señor Presidente” porque, los voluntarios revolucionarios cubanos lo tenían con el agua al cuello en Angola.
Y cuando otros señalaron que era “Batman”, el “Hombre Murciélago”, un conocedor de hechos recordó que a este lo habían matado en Vietnam.
Quién podía entonces ser, el nuevo héroe de la democracia USA capaz de salvar para el Imperio, la “Dominican Republic” del “Señor Presidente”?.
La respuesta no se hizo esperar al arribar a Santo Domingo bajo gruesa escolta militar, la carta “Top Secret” del Coloso del Norte, que constituyó una verdadera sorpresa para todos; era nada menos que !“Mandrake el Mago”!, quién había llegado.
“!Ah, esto americanos, estos americanos, siempre tienen una última carta!”, señaló entusiasmado un general sin pueblo, candidato a la futura junta militar de gobierno destinada a substituir al “Señor Presidente” –y escogida por la Embajada Norteamericana en Santo Domingo-:
Mientras exhalaba otro suspiro de marijuana importada de la Quinta Avenida de Nueva York, e introducida “clandestinamente” de contrabando al país por un aeropuerto militar.
Y “Mandrake el Mago”, que había recibido en Wáshington un cheque en blanco de la CIA, al cual el pondría los ceros después de realizar su trabajo, comenzó sus exorcismos bajo un “Oraculus Milagrosus” que representaba:
La máxima evolución de sus conocimientos adquiridos en años, durante sus correrías y fechorías capitalistas contra los pueblos del Tercer Mundo.
Entonces, el enviado especial del Vaticano, el Confesor Privado de su Santidad en Roma, celoso porque se apelaban a semejantes “supercherias”, recordó que ese mismo “Mandrake” había predicho el triunfo norteamericano en Vietnam:
A lo que contestó “Mandrake” que, cuando el afirmó eso, acababa de regresar a su casa de un party en la Casa Blanca y que estaba borracho cuando lo entrevistaron. De lo contrario no se habría atrevido a afirmar nunca semejante falacia, ya que no era un secreto para nadie que la guerra de Vietnam, no podía ser ganada por los Norteamericanos, y que el pueblo vietnamita no podría ser nunca derrotado.
Entonces, cuando el exorcismo de “Mandrake el Mago” comenzaba a llegar a su cúspide; los otros curanderos y brujos que también habían traido los USAS se declararon en huelga, reclamando mil dólares más por calorías gastadas, ya que si el “Oraculus Milagrosus” de “Mandrake el Mago” daba resultado:
Se debería también a sus participaciones en la danza del “Exorsus Medicinopulus” que ellos realizaban y de la que “Mandrake” no podía prescindir. Además:
Era injusto que los dólares los hiciera desaparecer “Mandrake”, cuándo los que sudaban eran los curanderos y brujos del imperio que danzaban el “Exorsus Medicinopulus”.
A lo que señaló “Mandrake” que como buen demócrata norteamericano, el no compartía con nadie sus dólares. Resolviéndose el impase con dos telegramas secretos que la CIA envió al Congreso USA que, ante la gravedad de la situación dominicana, concedió un nuevo fondo especial para salvar la “democracia” en la “Dominican Republic” del “Señor Presidente”.
Así transcurrieron las horas bajo el “Oraculus Milagrosus” de “Mandrake el Mago”, y sin que el “Señor Presidente” experimentara la menor mejoría. Situación que obligó a unos de los mas fieles e íntimos discípulos del “Señor Presidente” a comentar entre sollozos, el testamento “democrático” de su “Ilustre Jefe”:
La región norte del país se la dejaba al First National City Bank. La región sur a la Esso. La este a la General Motors y la oeste a la Ford. Repartiendo después entre sus subalternos, una comisión del diez por ciento por cada dólar que sacaran los USAS del país.
Y cuando el enviado especial del Vaticano no pudo contener su gula e intentó preguntar, sobre la herencia que le correspondía a la Iglésia Católica, Apostólica y Romana en la “Dominican Republic” del “Señor Presidente”; un jefe de policía le tapó la boca diciéndole que:
El diez por ciento de la prostitución, el contrabando y las drogas, era la "tajada" de la Iglesia y que, a mayor espíritud democrático y cristiano el Vaticano en Roma no podía aspirar en Santo Domingo, sin entrar en contradicciones con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional:
A lo que aclaró otro "honesto" general con cara de Vampiro que, eso no era cierto, por ser esa la "tajada" del Servicio Secreto, y ser verdaderamente la "tajada" de la Iglésia:
Las no menos beneficiosas herencias, donaciones y limosnas que los creyentes le daban, junto a las conocidas y gandes aportaciones económicas que el Estado dominicano del "Señor Presidente" también le aportaba a esa Iglésia, por sus santificaciones y bendiciones al Sistema y al propio "Señor Presidente", -para citar ejemplos-.
Y mientras la discusión sobre aquel reparto continuaba, el “Ilustre Jefe” y “Caudillo Amado”, el “Señor Presidente”; “Defensor de la Democracia”, “Campeón del Anticomunismo”, “Benefactor de la Iglésia” y mil cosas más:
Alcanzaba a comprender su mortalidad al lanzar su último suspiro de sangre y saber que sus restos, serían echado a los perros, que su imperio de terror había sido en vano, y que ese cubil sanguinario de chacales, vampiros y hienas empeñados en heredar el imperio; JAMAS podría detener el curso de la História, en la que el había sido sólo una mancha de oprobio.
Y cuando la CIA comenzaba a exigir a “Mandrake el Mago” y a los demás curanderos y brujos del Imperio, explicaciones “objetivas” sobre su fracaso, la embajada norteamericana en Santo Domingo comunicaba el recibo de cinco telegramas urgentes, en los que se informaba que:
Otros tantos “Presidentes” y “gobiernos democráticos” agonizaban en América Latina, renovándoseles apresuradamente sin mayores discusiones, los contratos de trabjo a los curanderos y brujos del Imperio que, con “Mandrake el Mago” a la cabeza:
Marchaban presurosos a intentar probar mejor suerte en otros países y a “realizar” lo que “Supermán”, “Tarzán”, “As Solar”, “El Fantasma”, “Rip Kirby”, “Dick Tracy” y otros tantos, no pudieron hacer en Santo Domingo.
Posdata al lector:
Esta história no es real. Si en 1976 existe un país en el mundo llamado República Dominicana, y en sus campos sembrados de cadáveres un “Señor Presidente”, es pura “coincidencia”.
Michel Smiely 666
-Estocolmo, Suécia, Abril de 1976-
(Cuento político-satírico escrito en 1972 por El 666 y publicado en su libro:
“La Tragedia de una Revolución Inconclusa” –tomo I-
Presentado como composición y Ensayo Político en la
Universidad de Estocolmo en la Primavera del año 1976)
-Editorial “Författares Bokmaskin”, edición 1976,
páginas 179 a 194, Estocolmo, Suécia-.
Necesaria aclaración al lector:
Por su conocida oposición política al ex presidente dominicano Dr. Joaquin Balaguer en 1966-1978, y por haber escrito también este cuento político-satírico contra el mismo, El 666 estuvo condenado a muerte en la República DominIcana, en todos esos 12 sangrientos y largos años de la dictadura balaguerista.
El 666 cumple siempre lo que promete,
y no promete nunca, lo que no puede cumplir.
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